Crítica de música

Brahms en el Palau: menos es más

Daniel Harding, al frente de la Orquesta Sinfónica de la Radio Sueca, ha visitado el Palau de la Música para interpretar, en dos días consecutivos, las cuatro sinfonías que el autoexigente Johannes Brahms dio a imprenta

Daniel Harding la Orquesta Sinfónica de la Radio Sueca Antoni Bofill

Pep Gorgori

Cuando uno se pone delante de una partitura para piano de Johannes Brahms, enseguida se da cuenta de que el compositor exige una sutileza extrema. Sus composiciones, incluso aquellas más breves, están pensadas como un entramado de primeros, segundos, terceros y sucesivos planos. Hay momentos en que parece que cada uno de los diez dedos tiene que bajar con fuerza diferente a la de sus compañeros para producir los decibelios exactos que le pertocan: ni uno más ni uno menos, para no tapar las otras voces ni quedar tapado por ellas. Las pocas personas que lo logran acaban teniendo recorrido como pianistas en los mejores auditorios. Y el resto, pues ya ven: aquí estamos para explicárselo a ustedes.

El caso es que ese nivel de detalle, todas esas cosas que pasan por dejado de la melodía principal -el primer plano, podríamos decir- se aprecia en todo el resto de su producción: desde la música de cámara hasta, por supuesto, la sinfónica. A Brahms se lo considera siempre un maestro de la música de cámara, porque ahí cosechó sus mejores triunfos, pero no es del todo cierto: es un compositor que en el fondo piensa siempre en una orquesta sinfónica, independientemente de para qué instrumento esté escribiendo.

Las cuatro sinfonías, pues, son el máximo exponente de ese Brahms que tiene que sonar contundente pero ligero; romántico pero clásico; osado pero conservador; sinfónico pero camerístico… y así una serie de paradojas que dejan a cualquier intérprete viviendo sin vivir en sí. Daniel Harding, al frente de la Orquesta Sinfónica de la Radio Sueca, ha visitado esta semana el Palau de la Música para interpretar, en dos días consecutivos, las cuatro sinfonías que el autoexigente compositor dio a imprenta.

La valoración global del evento es imposible, porque se habría dicho que la orquesta y el director del lunes no tenían nada que ver con los del martes. Algo -¿quizás la acústica del Palau?- debió de jugar a Harding una mala pasada, ya que tanto la Tercera como la Primera sinfonías sonaron poco matizadas, bastas, faltas de matices, sobradas de volumen y, en algunos casos, ataques titubeantes y desajustes entre los grupos instrumentales.

Nada hacía pensar, pues, que el martes fuéramos a salir de la sala entusiasmados con la Segunda y la Cuarta: un festival de matices y de capacidad de bordar un relato con todos sus clímax y anticlímax, el volumen justo (menos es más) y una sección de cuerdas absolutamente envidiable. Un Brahms, ahora sí, meritorio y a la altura que se esperaba. Lo que sucedió entre un día y otro, quizás ni el propio Harding podría explicarlo.

Comentarios
0
Comparte esta noticia por correo electrónico

*Campos obligatorios

Algunos campos contienen errores

Tu mensaje se ha enviado con éxito

Reporta un error en esta noticia

*Campos obligatorios

Algunos campos contienen errores

Tu mensaje se ha enviado con éxito

Muchas gracias por tu participación