RUIDO BLANCO
No hay excusas
Negarse a debatir evidencia debilidad. Los debates y entrevistas son un deber democrático
Medirse la falda
Organice una boda

No hay excusas para que un candidato se niegue a acudir a un debate electoral. Ni que convoquen uno o siete, aunque no lo organice un medio amigo, sea a tres o a cinco, aunque lo modere un periodista crítico. «Creo que con eso es ... suficiente», decía Isabel Díaz Ayuso estos días cuando anunció que solo participaría en el debate de Telemadrid. Se equivoca. Debates y entrevistas cuantos más mejor. Son los únicos espacios reales para confrontar de verdad las propuestas de cada partido. Los únicos momentos de la campaña donde se puede exigir que rindan cuentas y dejen a un lado fanfarrias y vuvuzelas. Por eso quien aspira a la reelección es lo primero que sacrifica con gusto y una gran dosis de soberbia. Ha obligado García Page en Extremadura a cancelar el debate de TVE, Abel Caballero el organizado en Vigo por la televisión autonómica gallega y Ximo Puig ha declinado la invitación a tres debates en Valencia.
Creen los asesores que evitar debates es proteger a su candidato. Sin embargo, no acudir a un debate electoral es síntoma de inseguridad. Desde luego que a veces hay mucho que perder y poco que ganar pero si quien aspira a ser alcalde o presidente ni siquiera tiene la valentía suficiente para exponerse a la ciudadanía a pesar del riesgo de desperfectos quizá jamás debería llegar a alcalde o presidente. Porque aspiran a gobernar y eso es algo todavía más embarazoso e inhóspito para su retahíla memorizada de propuestas, críticas y promesas cumplidas.
La peor, más común y cobarde de las disculpas son los problemas de agenda. Es la que repite Jose Antonio Diez en León tras denegar la invitación a siete debates, incluido el televisado en el que participarán el resto de candidatos a la alcaldía. ¿Cómo va a cambiar la comodidad un puñado de mítines para crédulos y palmeros por acudir a debates donde examinar ante sus rivales su gestión? Negarse a debatir evidencia debilidad. Los debates y entrevistas son un deber democrático y durante las semanas de campaña deberían ser además una obligación recogida en la ley electoral. Un político gobierna como debate. No hay excusas para ocultárselo al votante.
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