Guerra en el PSOE
La conspiración de la mesa camilla
El líder del PSOE, Pedro Sánchez, inició a principios de enero las gestiones para tumbar a Tomás Gómez
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Entre los 36 diputados socialistas de Madrid (34; faltan Tomás Gómez y Maru Menéndez) hay poco que hablar. Sentados el jueves en la Asamblea de Vallecas solo se oye la respiración de Antonio Miguel Carmona -agitada como en las tertulias-, que atiende su whatsapp. Contesta a los mensajes con educación, pero contenido: «Yo también estoy hecho un lío», responde a la pregunta de ABC. Una declaración de principios de quien todos creían que se había inmolado el miércoles, cuando decidió arropar a su compañero Tomás. Pero su amigo de hace 30 años sigue su camino. «Es recuperable» dicen de él en Ferraz, donde se valora su gesto último de lealtad al partido por encima de las personas. Alrededor del aspirante a alcalde, tirios y troyanos. Pocos partidarios del ya exlíder socialista. Pocos y en silencio. Callan, como hace doce años, cuando dos diputados, Eduardo Tamayo y Teresa Sáenz, se ausentaron de la votación y dejaron al mismo grupo parlamentario sin poder y a Rafael Simancas , hoy juez de la gestora, sin su presidencia soñada.
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En el grupo hay pocos fieles al relevado, a pesar de que el control interno fue una de sus máximas desde que llegó al PSM en 2007. Solo incluyó a tres rivales en una ejecutiva de 50.
Zerolo, entre dos aguas
Modesto Nolla, un histórico que ahora se perfila como portavoz, fue apartado por Gómez y habla en voz baja, como si todo el PSM fuera un largo murmullo de pasillo. Ángel Gabilondo , el soñado candidato socialista para Madrid, al que no logró convencer Zapatero, está en todos los corrillos. Un nuevo «viejo profesor» para competir con Ignacio González: o con quien Rajoy decida. Un catedrático que ya ha dado su palabra al secretario general pero que no quiere ruido interno. Hasta su hermano, Iñaki, le aconseja que no. Que está loco.
Ninguno sabía que el jefe estaba a punto de saltar por los aires. A Pedro Zerolo , entre dos aguas como presidente del PSM y miembro de la Federal, le extrañó que tan solo él y su compañera Eva Matarín representaran a la dirección en la convención que Tomás había montado a bombo y platillo el sábado 7 en el Centro Eduardo Úrculo de Madrid. Al concejal madrileño, al que hoy todos miran como alternativa a Gabilondo, nadie le desvela el secreto. Solo le dicen que esté pendiente de la entrevista que Pedro Piqueras le hará a su secretario general el lunes 9, dos días después.
Sánchez responde con firmeza al periodista de Telecinco que le inquiere por la corrupción: claro que sería inflexible si tuviera que echar a algún cargo investigado. Aunque las preguntas giran en torno a los ERE de Andalucía, el líder socialista está pensando -pero nadie lo intuye- en Madrid. Plaza que domina bien. Fue edil de la capital hasta 2009. Las intrigas las conoce al dedillo. Sabe que el exalcalde de Parla plantó cara a sus dos antecesores: primero a la candidata de Zapatero, Trinidad Jiménez, a la que eliminó de la contienda y luego, a la elegida por Rubalcaba, Sánchez Acera, que corrió la misma suerte.
Simancas y Lissavetzky
Arranca el mes de enero. El líder socialista prepara el terreno. Mantiene reuniones discretas con responsables regionales. Varias fuentes describen el proceso como «la conspiración de la mesa camilla». El propio Rodríguez Ibarra, expresidente extremeño, apela «a la necesidad de que haya más comunicación entre todos para evitar una crisis mayor. Hay que recuperar la mesa camilla». No es casual la apelación del exbarón a las componendas que articularon el socialismo madrileño en los años ochenta y noventa. El aparato comienza primero por las agrupaciones locales de Madrid. Dos históricos, Simancas y Lissavetzky, ayudan a Luena a espigar entre los menos afines a Gómez. Ambos fueron damnificados por «los codazos de Gómez», describen en su entorno.
En la sombra, Rubalcaba, que ha recuperado la relación con Ferraz, después de dar un portazo en mayo tras el descalabro de las europeas. La mesa camilla o conciliábulo entre familias socialistas madrileñas, que usaran Joaquín Leguina y Alfonso Guerra para apaciguar la entonces FSM, resucita con propósito bien distinto: dinamitar a un candidato castigado por las encuestas que dejan al PSOE en Madrid por debajo del 13% de apoyo popular, lejos incluso del raquítico 19% del 25-M; a un candidato investigado por el Tribunal de Cuentas y la UDEF por el sobrecoste del tranvía de Parla; y a un candidato ligado personalmente a José María Fraile, su sucesor en la Alcaldía, en libertad provisional por haber cobrado presuntamente mordidas en la «Operación Púnica». Un candidato, pues, con pies de barro al que un informe de la UDEF sobre los beneficiarios de la adjudicación de su obra estrella podría explotarle en plena campaña, con la extrema izquierda de Podemos ávida de recoger los pecios del naufragio socialista.
Los barones
Lo más que consigue el aparato del PSOE es el compromiso de algunos barones de «no ser beligerantes» . Incluso los que «no conectan» con Gómez no están del todo conformes con «las formas», según relata uno de los convocados. Solo García-Page y Fernández Vara acuden explícitamente en auxilio de la gestora; el valenciano Ximo Puig y Carme Chacón tuercen el gesto y piden primarias. Sin embargo, los servicios jurídicos del partido lo tienen todo bien atado: han estudiado los estatutos a fondo para que no haya resquicio que regale razones al enemigo. Las agrupaciones propondrán al aspirante pero decidirá la Comisión Federal de Listas. Es decir, Sánchez.
La todopoderosa Susana Díaz, enfrentada por el liderazgo socialista, no es informada con antelación pero conoce la decisión horas antes de que se haga pública. Por eso sus dos personas de confianza, Micaela Navarro y Antonio Pradas, no acuden a la Ejecutiva. En la dirección ya dan por descontado que la presidenta andaluza no se pronunciará a la espera de conocer cómo acaba el pulso evitando así contaminar su proceso electoral con la crisis madrileña. Sin embargo, lanza un mensaje a su rival: «En Andalucía contamos con el valor de la unidad». Le queda añadir: a diferencia de Madrid.
Un día antes de la reunión en Ferraz, el líder del PSOE quiere arropar a Antonio Miguel Carmona en su desayuno del martes en el Ritz. «Pedro no tiene nada contra él y cree que es un buen candidato, pero tenía que tener un gesto de apoyo público horas antes de apartar a su amigo y jefe, Tomás».
Luena es el encargado de perfilar la estrategia y de convencer al profesor de Economía de que no abandone. No lo hará, aseguran en su entorno. Aunque nadie le haya convidado al café para todos sobre la mesa camilla, nada en el PSM le es ajeno. Salvadas sus dos manos del fuego, hasta quiere ser su secretario general. Es martes y solo queda un día para la muerte del enemigo público número 1 de Ferraz.