Arenales (PP): «Me casé con un negro negrísimo y no me di cuenta hasta que llegó a Barajas»
La diputada del PP, que ahora se está divorciando, concedió una polémica entrevista en la que también dice que Pedro Sánchez «está cañón»

Sobre gustos no manda política. Y si no que se lo digan a la diputada del PP por Valladolid, María Arenales Serrano, a quien le gusta más físicamente el líder de la oposición, Pedro Sánchez, que su propio jefe Mariano Rajoy. Porque mientras el primero «está cañón», según ha asegurado en una entrevista en Interviú , el segundo solo «tiene su punto», que tampoco es nada.
La diputada, ya habitual en tertulias televisivas, respondía así en la publicación del 8 de septiembre —que este jueves ha saltado a las redes sociales— preguntada sobre el atractivo de los políticos masculinos. Lejos de recurrir a la retórica propia de los ocupantes del Congreso, se lanzaba a valorar el sex appeal de sus compañeros. Del único que no quiso opinar es del expresidente de Cataluña, Jordi Pujol. Por no decir «cosas feas», apura. «Chica, lo siento por él».
«Un negro negrísimo»
Arenales, de 51 años, sin hijos, y en proceso de divorcio, se casó con «un negro negrísimo», según sus palabras. «No me di cuenta de lo negro que era hasta que fui a buscarlo a Barajas». Y es que la diputada popular conoció a su marido en Nueva York, donde su pigmentación no le llamó la atención, «como hay tantos negros»... La impresión llegó ya en España.
La biografía de la popular es abundante. Más de veinte años de experiencia política que pasan, entre otros, por el puesto de concejal en el Ayuntamiento de Valladolid, el de senadora o su actual escaño. Y la clave de su buen aspecto, dice, está en el bótox.
«Me pongo bótox y vitaminas y es maravilloso», asegura. «Hubo gente que me dijo cuando me casé: "Desde que estás casada estás más guapa". ¡Qué no es el matrimonio, que son los pinchazos!». Con estas visitas al médico se ve más guapa, dice.
Quizá Arenales revela esta práctica con tanta naturalidad por ser también una firme defensora del «vive y deja vivir». Cada uno con lo suyo. Ella, con el bótox. Otras personas, con lo que corresponda. Y una última confesión: «No he sido más feliz siendo senadora que poniendo copas». La clave, según dice, está en saber acomodarse a lo que se tiene.