Mundial de ciclismo
Valverde: «La rutina del ciclista no es para mí un sufrimiento»
El campeón del mundo, agasajado a su regreso a España, repasa sus andanzas y su trayectoria deportiva en una entrevista con ABC justo después de lograr el oro en Innsbruck
La noche de fiesta en que es campeón del mundo al fin acaba para Alejandro Valverde en una piscina climatizada del resort de montaña en el Tirol donde se ha hospedado la selección. Los ciclistas de la selección, el director Javier Mínguez y unos cuantos entusiastas se bañan en la medianoche después de que haya hecho efecto el champán, las hamburguesas de la cena y la algarabía general con recuerdo sarcástico a Iberia por el retraso en el vuelo. Valverde se marcha aterido de frío a la habitación, envuelto en una toalla blanca después de pasar por una ronda de entrevistas. ABC charló con el campeón del mundo.
¿Cuántas veces lo había imaginado?
Tantísimas… Pero al final nunca llegaba. Era un año propicio, se podía conseguir y supone para mí un orgullo terrible ser campeón del mundo con esta selección. Estuvimos todos de diez. Son muchos años intentándolo y lograrlo con 38 años es un verdadero sueño. Ser campeón del mundo del deporte que amas, representando a tu país, es lo más grande.
¿Qué tal durmió el día antes?
Dormí tranquilo, a gusto, confiado en que podría hacerlo bien. Y todo se ha confirmado. Ahora no me duele nada, será por la emoción o la alegría, pero no me duele nada. Mi hija, que cumplía años y es muy pequeña para entender lo que estaba pasando, me preguntaba: «¿papá, por qué lloras?».
¿Alguna de sus 122 victorias es más importante que ésta?
Ninguna, ninguna… He tenido días muy buenos, porque he conseguido grandes cosas, pero como este ninguno. Ser campeón del mundo es lo mejor que hay.
¿Veía los Mundiales cuando era un chaval?
Sí, sí, claro que los veía. Recuerdo siempre que soñaba simplemente con poder estar ahí, participar sin más. Me acuerdo del primero que ganó Freire, en 1999, la manera en que lo ganó. Y, sobre todo, aquel Mundial de Colombia que ganó Abraham Olano con la rueda pinchada y Miguel haciendo segundo. Me llenó muchísimo. Era muy pequeño. Supongo que cadete o juvenil.
Y hoy sigue teniendo usted la ilusión de aquel niño...
Está claro, la ilusión sigue intacta pese a que ya tengo 38 años. Cuando uno lucha tanto por un objetivo, al final se consigue.
¿Este oro es el triunfo de la constancia, de la fe o de qué?
Pues es un poco de todo. El sacrificio, el querer ser campeón y no rendirse nunca.
Otros ciclistas se cansan. Usted mantiene la motivación. ¿Cómo lo hace?
Yo creo que los ciclistas que se cansan es porque necesitan un sacrificio muy grande para llegar a un nivel muy alto. Por supuesto que yo tengo que entrenar y sacrificarme. Pero a mí entrenarme no me cuesta trabajo. Yo salgo en Murcia con una grupeta, nunca salgo solo, siempre es más llevadero el esfuerzo en la compañía de amigos. Si tengo que hacer más kilómetros, salgo más temprano, me junto con ellos, acabo más tarde. La rutina diaria no es un sufrimiento para mí.
¿Por qué cree usted que cae bien?
Pues será porque soy muy natural, no hago nada forzado, si haces las cosas con naturalidad y te expresas con normalidad, a todo el mundo le llega mucho más.
¿Se acuerda de su primer triunfo?
Fue en la Vuelta al País Vasco, creo que en Vitoria. Estaban disputando el esprint Rebellin y otro compañero, y llegué yo por detrás y ¡pum!, les robé la cartera.
Han sepultado a generaciones de ciclistas.
Lo hablaba el otro día con alguien. Me he cargado a tres o a cuatro generaciones de ciclistas. Antes ganaba y ahora sigo ganando. Más que antes. Este año son catorce victorias y de mucho nivel. Y disputando hasta el último momento la general de la Vuelta a España. Es para estar contento.
En otros Mundiales no salían las cosas o se equivocaba. ¿Qué ha habido ahora, sensatez, tranquilidad?
Ha sido una mezcla de todo, sensatez, tranquilidad... Hemos sabido correr muy bien. Todos los compañeros de la selección me aportaban muchísima tranquilidad y no tuve que aparecer en ningún momento por las primeras posiciones. Sabía que ellos lo harían bien, y eso que íbamos sin pinganillos. Siempre estuvo todo controlado. Antes del último repecho, le pregunté a De la Cruz: «¿Qué hacemos?». Y me contestó: «¿Cómo que qué hacemos? Ser campeón del mundo». Eso ha sido la gran unión y la confianza que ellos tenían en mí. Casi tenían más que yo mismo.
Ha dicho que la concentración previa en Sierra Nevada fue clave. ¿Por qué?
Fue maravillosa. Estuvimos a 1.550 metros, en el hotel El Guerra, que nos tratan como a una familia. Hace dos años que me concentro ahí antes del Tour. Ha sido una gran convivencia, nos hemos conocido más de cerca, nos hemos unido y, aunque cada uno lleva su entrenamiento, nos poníamos de acuerdo para ir juntos. Ha sido una idea fantástica. Todos sabíamos a lo que veníamos. Tuvimos mala suerte con el avión, llegamos un día más tarde, pero eso fue al final una anécdota.
¿No afectó nada esa demora?
Exacto. Nada. Perdimos el vuelo y nos lo tomamos de cachondeo, dijimos que al mal tiempo, buena cara. Cenamos, nos fuimos a tomar un helado... Pensamiento muy positivo.
Luego solo hubo señales positivas. Al salir a entrenar, se encontraron con una comitiva de campeones del mundo.
Estaban Museeuw, Freire, Cipollini, Fondriest, Moser, Hushvod… Freire me dijo ya era hora, sí. Con él compartí selección, ganamos Mundiales y muy contentos.
¿Sintió alguna vez que había más reconocimiento para otros que para usted?
Sí, es verdad que en ocasiones se ha alabado más a otros que a mí. Pero yo lo he aceptado siempre. Por ejemplo, en el caso de Contador. Gana el Tour y eso es mucho. El Tour es el Tour. A mí nunca me preocupó eso. Lo entendía y lo veía lógico.
Ahora le toca a usted. Era el predilecto del mundo del ciclismo…
Sí, lo he notado. El hecho de que el mundillo del ciclismo quisiera que ganase me motivó muchísimo, y me animó a ganar. La prensa internacional, los otros ciclistas, los excampeones del mundo se han alegrado por mi triunfo. Eso quiere decir que he estado muchos años ganándome el respeto… Y por eso sienten que el ciclismo me lo debía.
¿De quién ha aprendido?
Ufff, de todos se aprende algo. A ver… De Óscar Freire aprendí mucho, él era muy tranquilo, siempre gastaba lo menos posible y al final eso es lo que hay que hacer. En la carrera yo no di la cara hasta el final y eso se nota en las piernas. Luego tienes que tener la condición, por supuesto.
¿Estrenará el maillot arcoíris en el Giro de Lombardía?
Sí, con seguridad, Pensaba también en correr la Milán-Turín, pero no estaré porque ahora habrá celebraciones, recepciones…