Euroliga
Sufrida victoria del Real Madrid en Múnich
Los blancos, con un Llull notable cada vez más cerca de su mejor versión, vencen al Bayern en un duelo decidido al final
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Crónica
El Real Madrid mantiene su rumbo firme y seguro en la Euroliga. Ante el Bayern logró una victoria sufrida y trabajada que refuerza su segunda posición, pero además se trajo de Múnich algo mucho más importante. En la capital bávara irrumpió por primera vez el Llull de siempre . El de antes de la lesión. El base eléctrico, sin miedo a nada, cuya puntería y desparpajo asombraban en Europa y seducían a la NBA. Llevaba el balear semanas triste en la cancha. Intenso como siempre, aunque sin chispa. Un panorama que cambió radicalmente en el duelo ante los alemanes.
Bastaron apenas unos segundos para ver que no iba a ser un partido más del base madridista. Una bandeja por el medio de la zona, sorteando rivales, le sirvió para soltar lastre. De repente, sus piernas volvían a volar. Más aún con los dos triples que anotó de manera consecutiva poco después .
Se movía el Madrid a su ritmo y así fue creciendo la distancia en el marcador. Notable ya al final del primer periodo, sellado con otro triple más del balear, que antes de irse a descansar tuvo tiempo de anotar dos más. Fueron trece minutos mágicos en los que Llull sumó 17 puntos -con un solo fallo-, 3 asistencias y 1 robo de balón . Camino del banquillo, antes de dar el relevo a Campazzo, se le escapó una risa burlona. Feliz por lo que había ocurrido, aunque consciente de que todavía le queda mucho para alcanzar la velocidad de crucero y la regularidad.
Por entonces, el dominio del Madrid era ya evidente . Porque a la puntería de Llull se le había sumado la de Randolph, el pundonor de Rudy -brutal en la defensa- y la calidad de Thompkins. Todo, acompasado por un Campazzo que volvió a acertar con el aro cuando sonaba la bocina del final del segundo cuarto (31-46). El argentino se está convirtiendo en un especialista en esos lanzamientos desesperados. Un recurso que en su caso empieza a ser demasiado habitual.
Ganaba el Real Madrid con holgura al descanso y eso que Laso no había tenido que tirar aún de un clásico como Carroll. El americano se sumó a la fiesta en el tercer cuarto y con él en pista la ventaja siguió creciendo 47-63, min. 27).
Fue en ese momento cuando la defensa bávara se intensificó y por ahí se equilibró algo el duelo. Aun así, a los blancos les bastaba con la inspiración de Randolph -por entonces ya, el mejor del partido- para mantener el choque bajo control. El brutal acierto exterior del Madrid, superior al 50 por ciento durante muchas fases del partido, desesperó a los alemanes, que tenían en Jovic a su principal surtidor de puntos. A él se encomendaron para tratar de ir poco a poco limando la diferencia en el marcador. Punto a punto, jugando con la relajación visitante, el Bayern fue acercándose hasta situarse a dos al inicio del último cuarto (66-68, min. 32).
El desarrollo del choque, calcado al de hace dos días frente al Panathinaikos en el Palacio , obligó a los blancos a remangarse. No hubo esta vez un parcial demoledor. Le tocó sufrir al campeón para ganar en Múnich un partido que tenía ganado y que solo desatascó en los últimos minutos. Tuvo mucho que ver Campazzo en esa reacción final. El argentino entendió que el choque se ganaría desde la defensa y contagió a sus compañeros para cerrar los espacios y volver a ahogar al Bayern. La defensa y el talento de Thompkins decantaron el choque. Un triunfo más para los blancos, que regresaron felices a Madrid con Llull un paso más cerca de volver a ser Llull.