FERIA DE HOGUERAS
Esperando a Morante entre el aroma de Ortega
El trianero corta una oreja, al igual que Emilio de Justo, en una festividad de San Juan en la que la afición se marchó con la miel en los labios. «Nos queda el consuelo de que este domingo viene Morante». Pero la cogida del sevillano en Badajoz complica su comparecencia en Hogueras
Morante, cogido en Badajoz

Dueño de la única propiedad que no puede comprarse, venderse ni perderse, Juan Ortega dejó a la afición con la miel en los labios. Qué torería la suya y qué manera de andar en torero. Con o sin toro. Mientras se remataba el ... quinto capítulo, ofrecía al viento la palma de la mano en el callejón. Un deleite: cuando uno tiene ese ‘nosequé’, hasta sin enemigo prenden los oles. En las gargantas se escondían los que estaban por venir en el sexto, al que meció con con hondura una verónica. Pero los orteguianos querían más de su capote. Y en el redondel dejó cuatro chicuelinas en dos fases, que el toro no daba para ligazones. Hubo brindis y sonreían sus partidarios, pero en la apertura, con una estampa en sepia rodilla en tierra, Danzarín se lesionó y no hubo baile posible. Maldita decepción. Levantaba la mano izquierda el de Daniel Ruiz como si fuese a emprender el paso español, por lo que el matador tuvo que desistir. No sin toreras pinceladas y una estocada a carta cabal. Porque Ortega mató fenomenalmente a su lote en el día grande de San Juan, con un cartel de sustitutos tras la baja de Manzanares por su lesión en la espalda. No pudo celebrar su vigésimo aniversario y se notó en la entrada, que la figura alicantina es ‘gente’ en su tierra. Aun así, casi seis mil personas se dieron cita, una buena cifra si se mira bajo el prisma rosa y un número no tan bueno cuando la realidad de la taquilla dice que el único que llena hoy se llama Roca Rey.
Los que faltaron se perdieron ‘las cosas de las cosas’, que diría Paula. Porque si se torea como se es, Ortega no sabría ser otra cosa que torero. Por nombre, por apellido, por hechuras y por ese don que se tiene o no se tiene. Y el de Triana es portador del misterio y sabe que debe respeto al linaje de la torería, un respeto que es la regla de los clásicos, la regla de los flamencos, la reglas de los elegidos. Aunque no sean artistas de masas pero sí de culto. Qué belleza tuvieron los lances genuflexos al tercero, aunque en la tierra de la ‘cremà’ pocos lo apreciaran. Muy a contraestilo se antojaba este toro para su concepto. Cabeceaba el tal Teatrero, Ortega perdía pasitos y así transcurría el tiempo. Y sin ganas de que pasara. Porque no hubo serie en la que no dejara algún cartel de toros. Desde el derechazo acompañando, el natural de vuelos echados y los remates a esa forma de despedirse de la cara. ¿Se puede andar más torero? Aprovechó Juan la obediencia de Teatrero, al que regaló un ramo de molinetes. Los más lentos que verán nuestros ojos. Cuatro aleteos en los que daba tiempo a rezar un rosario de quince cuentas, con su padrenuestro y su diez avemarías. Y empezar otra vez para desandar los caminos y regresar al toreo que pone faros a las sombras. No fue obra redonda -como no fue para nada toro redondo-, pero tan salpicada de perlas que la gente saboreó la oreja antes de la merienda.
El otro trofeo lo cortó Emilio de Justo en el segundo, con el que levantó una polvareda en las tres chicuelinas de mano baja y ajuste ante un toro que se quedaba corto en el quite. Tras desmonterarse sus hombres de plata, brindó y enseñó los caminos a Importante. Por abajo, que es el sitio en el que se imparten las grandes lecciones. En la derecha se centró, empujando a un toro que, aunque a veces se lo pensaba, obedeció y respondió con encastado fondo a su tela a rastras. Le costó más seguir cuando cambió a la zurda, pero el extremeño -que abusó una barbaridad de la voz- empapó la embestida para hacerlo seguir. La realidad es que ningún toro del conjunto de Daniel Ruiz rompió de verdad hacia delante, pese a sus interesantes matices.
El acero, el mismo con el que antes se había volcado, le privó de la puerta grande en el quinto. Se llamaba Delgadito y era el más pesador del sexteto. Husmeó la arena tras empujar en el peto y punteó los engaños, pero el de Torrejoncillo le dejó la muleta puesta y con poderío sometió el medio viaje, que sirvió en sus sinceras manos. Cuando el animal se aplomó más, tiró del zapatillazo, de nuevo con excesivo vocerío.
Sonaron los cascabeles para Almendrito sin verlo realmente. Porque donde Cayetano se puso era difícil apreciar su evolución. Había apretado en banderillas el ejemplar, que prometía un boyante pitón zurdo y embistió con su casta en las dobladas. Fue lo mejor de una faena sin sitio y sin alma. El otro, Finito de nombre, no se parecía al de Córdoba. Qué feo estilo asomaba en este grandón cuarto, al que el picador hizo un 7. Ni gustaba a Cayetano ni a Carretero, que acompañaba a Rivera. Agarrado a las tablas principió, pero el toro se derrumbó, se fue a por la espada y lo intentó otra vez sin frutos. Con enorme mérito enterró el acero. Que el marmolillo ni se movió.
Feria de Hogueras
- Plaza de toros de Alicante. Sábado, 24 de junio de 2023. Tercera corrida. 5.965 personas. Toros de Daniel Ruiz, desiguales de presencia y manejables en conjunto pero sin romper.
- Cayetano, de rosa y oro. Pinchazo y estocada atravesada (silencio). En el cuarto, estocada (saludos).
- Emilio de Justo, de caldero y oro. Buena estocada (oreja). En el quinto, dos pinchazos, media baja y cuatro descabellos. Aviso (saludos).
- Juan Ortega, de buganvilla y azabache. Estocada (oreja). En el sexto, estocada (saludos).
Sin puertas grandes acabó la festividad de San Juan. «El único consuelo es que mañana (por hoy) viene Morante», se oía en la bocana. Y con el aroma de Ortega y esperando al de La Puebla con los victorinos se marchó la afición... Poco duró el tal consuelo. Mientras ardían los monumentos, la noticia de la cogida del cigarrero apagaba los ánimos... «¿Vendrá o no vendrá?» Habrá que esperar...
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