Muere El Calatraveño, torero de valor y entrega
El matador de Bolaños de Calatrava, que ha fallecido a los 75 años, abrió en cuatro ocasiones la Puerta Grande de Las Ventas
Ha fallecido en un centro médico de Salamanca el matador de toros José Ruiz, conocido en los carteles como Calatraveño , un diestro que dejó siempre una impronta de valor sereno y entrega total en los ruedos. Para los aficionados, hablar de Calatraveño es hablar de pundonor y valentía ante los toros de las ganaderías más duras.
Durante la década de los años setenta de la pasada centuria, su nombre era respetado por los públicos, que siempre le acogieron con respeto y admiración , y aunque no alcanzó un lugar de privilegio en el escalafón de matadores, sí tuvo el reconocimiento a sus valores, que, según los críticos, iban más allá del arrojo y el coraje y entraba en las lindes de la calidad con capote y muleta.
Nació en noviembre de 1946 en Bolaños de Calatrava, y tras un duro aprendizaje en las capeas de La Mancha, cuajó una ilusionante etapa como novillero, que le llevó a una alternativa de lujo en Ciudad Real, el 17 de agosto de 1968, con Diego Puerta y El Viti y toros de Samuel Flores. Cuatro orejas y un rabo fue el triunfal balance de una tarde que, sin embargo, no le valió para sumar contratos, y eso que venía de abrir la Puerta Grande de Las Ventas en su presentación como novillero unos meses antes.
Triunfo y sangre
Las cosas cambiaron con el éxito que consiguió en la confirmación de alternativa el 22 de agosto de 1971. Su padrino, Pedrín Benjumea, fue corneado y tuvo que enfrentarse a tres toros que le volvieron a abrir la Puerta Grande de Madrid. Aquel triunfo hizo aumentar el número de corridas. Dos veces más salió a hombros de la primera plaza del mundo, en donde se le trató siempre con gran consideración. Torero habitual de los veranos venteños , en donde se batió el cobre con las divisas más duras, por lo que pagó el tributo de la sangre. La cornada más grave la sufrió precisamente en el ruedo madrileño el 12 de mayo de 1974 por un toro de Victorino Martín. Junto a Las Ventas, la Monumental de Barcelona y la de Ciudad Real fueron las plazas en donde más adeptos tuvo, aunque a partir de mediados de los setenta los festejos fueron disminuyendo, que no su afición. En octubre de 1982 se anunció su despedida y al año siguiente toreó como subalterno en más de setenta tardes, lo que le llevó a intentar reverdecer laureles volviendo a vestir de oro en 1986, año de su adiós definitivo a los ruedos.