«El arquitecto y el emperador de Asiria» inaugura el puente aéreo teatral hispanoargentino
La emblemática obra de Fernando Arrabal llega hoy a Matadero, con los actores Fernando Albizu y Alberto Jiménez
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« El arquitecto y el emperador de Asiria », una de las más emblemáticas piezas de Fernando Arrabal , inauguró hace unos meses un puente aéreo teatral tendido entre el Teatro Español y el Teatro General San Martín de Buenos Aires , una de las principales instituciones escénicas argentinas. Se trata de la primera de una serie de colaboraciones que Juan Carlos Pérez de la Fuente , quiere que se prolongue en el tiempo; y no solo eso, sino que sea la locomotora de la vocación latinoamericana del teatro.
«El arquitecto y el emperador de Asiria» cuenta con equipo artístiico argentino, con la dirección de Corina Fiorillo , y reparto español: los actores Fernando Albizu y Alberto Jiménez . El siguiente paso será el montaje, esta misma temporada, de « El cerco de Numancia », de Cervantes , con un equipo español dirigido por Juan Carlos Pérez de la Fuente y un reparto mixto, todavía por determinar.
Fernando Arrabal estrenó «El arquitecto y el emperador de Asiria» en el teatro Montparnasse de París en marzo de 1967. El corresponsal entonces de ABC en la capital francesa, Salvador Jiménez , escribió: «Obra de enorme ambición, psico-drama fantástico y aberrante todo al límite de lo humanamente resistible representa, sin duda, el mayor empeño de cuanto conozco de su producción teatral y deja a bastantes leguas luz de distancia todo el resto de su obra anterior».
Pérez de la Fuente está de acuerdo: «Es el gran texto de Arrabal ; uno de sus textos que un país con dos dedos de frente debería presentar con asiduidad, porque en él están todos los españoles). Corina Fiorillo, por su parte, lo califica de « fantástico, clásico y universal », reconoce las ganas que tenía de montarlo y dice que «es el trabajo más complejo y el que más placer me dio».
Y eso, confiesa, que a punto estuvo de decir que no al proyecto cuando le dijeron que no podía elegir a los actores con los que iba a trabajar, porque venían de España y ya estaban escogidos aquí. «Esta obra requiere juego, un universo lúdico , y me asustaba no conocer a los actores». Tanto que, recién aterrizados en Buenos Aires, y después de catorce horas de vuelo y el consiguiente cambio horario, Alberto Jiménez y Fernando Albizu tuvieron el primer ensayo con la directora, que esa noche ya pudo dormir tranquila. «Son dos actores inmensos, monstruosos...», dice.
Corina Fiorillo proclama la universalidad y l a vigencia de esta obra , «a pesar de estar escrita hace cincuenta años» -«sentado todos los días en un aguaducho de la Casa de Campo , cerca de somosaguas», como describía Lorenzo López Sancho en ABC tras un encuentro con Fernando Arrabal-. «La obra habla de la soledad -dice Corina-, del sentirse rechazado. Habla sobre el individuo y sus otros yo; del aislamiento de la sociedad por sus prejuicios y sus rechazos. Son personajes reconocibles; todos tenemos una isla metafórica, un encierro metafórico». Es, concluye, «una obra compleja para ser leída y muy divertida para ser hecha».
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