'Pub crawl': una torre de Babel en busca de la fiesta española
Las rutas de bares nocturnas ofrecen la experiencia de la ansiada fiesta española... Adaptada a los horarios y las expectativas de los extranjeros
De ruta etílica por Barcelona con la pulsera que permite beber sin control

Son las 22:00 horas de la noche de un jueves de julio ardiente en Madrid. A escasos minutos de la Puerta del Sol, James, un joven danés de 23 años, espera en un bar, decidido a sacrificar sus horas de sueño para conocer la ... noche española. Aprovecha su espera para aprender algunas palabras en español que podrían hacerle falta más tarde: 'chicas', 'españoles', 'adiós', por ese orden. Al lugar, la coctelería Enbabia, van llegando otros jóvenes extranjeros —los más puntuales son europeos y anglosajones— que rápidamente instalan el inglés como el idioma más hablado. La mayoría lleva en la muñeca una pulsera de papel plastificado en la que puede leerse 'pub crawl'.
Esta reunión de jóvenes turistas no es espontánea ni casual. Todos han pagado 15€ por asistir al 'Jueves Internacional Pub Crawl', una salida nocturna previamente organizada en la que decenas de turistas veinteañeros beben acompañados de un guía que les lleva por diferentes locales. En Madrid, la ciudad que nunca duerme, estas rutas se realizan de lunes a domingo, todos los días del año, con visitantes de los cinco continentes. Se reserva vía internet en páginas que utilizan reseñas positivas y fotografías llenas de chicas sonrientes como aval publicitario. No es descabellado pensar que salir de bares pueda venderse bajo la idea de conocer España en todas sus costumbres.
En la puerta del establecimiento, además del guardia de seguridad, están Ben y Kevin, los guías de Pub Crawl Madrid, la empresa que ha organizado la excursión etílica. Allí identifican a quienes han reservado y les colocan la pulsera, que habilita la entrada a los cinco locales de la ruta e incluye un chupito en cada uno. El brazalete, además de descuentos en algunas bebidas, permite romper el hielo de las primeras interacciones. El volumen del reguetón es alto pero no impide a los asistentes entablar conversación, tímidamente al principio, aunque pronto las ganas (y el alcohol) convierten desconocidos en amigos.
Comienza la noche
Pasada la primera hora y a expensas del cambio al segundo local, se junta al grupo entero en la misma acera. En total, son 24 personas, algunas van en cuadrilla y otras han acudido solas. Los grupos más numerosos los conforman seis holandeses (que a ojos de un español parecen diez) y otro con cuatro mexicanas y una peruana. Entre el resto de asistentes hay nacionalidades diversas: marroquí, francesa, alemana, estadounidense y venezolana. La gran mayoría no supera los treinta años. Unos buscan socializar y otros una noche solucionada. Hasta varias horas y locales después, no habrá rastro de fiesteros nacionales.
Antes de entrar al Dalí, un angosto pub de la calle Huertas, los seis holandeses, que probablemente llevan ya buena parte de la tarde realizando su propia ruta de bares, deciden dar por amortizada la pulsera y se separan del grupo, para alivio de los guías. En la discoteca donde acaba el 'pub crawl' los volverán a encontrar. La expectativa de la fiesta española en muchos de estos jóvenes provoca un fervor singular en el que todos parecen pensar: «esta es mi gran noche».
A pesar de la temperatura agradable, el verano se considera temporada baja en la capital para esto de las rutas nocturnas. Al parecer, la playa sigue siendo lugar preferido para pasar unas vacaciones. Raúl Ibert, creador de la empresa de 'pub crawl' y trabajador en turismo nocturno desde 2017, aprecia que el momento más fuerte suele ser en Halloween, cuando asegura que pueden llegar a juntar 250 personas la misma noche. «Lunes, viernes y sábado son días fuertes y vienen entre 40 y 60 personas, a veces 80. El resto de días son más flojos y rondan los 20 asistentes», añade Kevin, guía de la excursión.


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La fiesta española... Sin españoles
No hay mucho tiempo para acomodarse porque cada hora en punto los guías reúnen al grupo y cambia de emplazamiento. La tercera parada es en el Teresa Club, que ya tiene más aspecto de discoteca, con la música alta y un sitio más amplio para el baile, con dos plantas. Son casi las 00:30 y sigue sin haber rastro de españoles, lo que facilita que los extranjeros socialicen entre ellos, los que vienen con 'pub crawl' y los que no. De momento, se hace la fiesta a la extranjera. Para cuando el club empieza a llenarse, el grupo parte al siguiente local.
Pero y los españoles, ¿no se apuntan al 'pub crawl'? «No es lo habitual, pero de vez en cuando ocurre», explica Ibert, que opina que este tipo de rutas sirven también como intercambio cultural, una manera de conocer gente y de practicar idiomas. «En Reino Unido, el 'bar crawl' es lo que hace la gente habitualmente, pero en España la dinámica es muy diferente», señala. En ocasiones, los turistas británicos, sus clientes más numerosos, no entienden que en los pubs no haya sillas para sentarse.
La noche acaba y con ella Madrid
A menos de una manzana se encuentra el Samsara, una discoteca propiamente dicha, con sus láseres y neones como únicas luces, sala de baile y ambiente de juerga. Allí, por fin, hay mezcla con jóvenes españoles. El grupo cada vez está más desparramado y va a ser difícil moverlo. Por suerte, la siguiente parada esta todavía cerca del barrio de las Letras. Se hacen las tres de la mañana y toca culminar la ruta en la última discoteca...
Se desgaja del pelotón una pareja alemana que ha comprado el paquete con remate en el Teatro Kapital por 30€ y se va con ellos uno de los guías. El resto del grupo marcha hacia ICON Madrid (conviene recordar, con un mínimo de cuatro chupitos en el cuerpo). Allí acaba oficialmente el turno de trabajo de los guías, pero Kevin decide quedarse con el grupo como uno más, casi hasta el cierre de la discoteca a las seis de la madrugada. Hay algo que engancha, a pesar de conocer bien la noche de Madrid. La ciudad cambia cuando se mira a través de los ojos de quien la vive como si fuera la última vez.
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