arqueología
Un anticuario catalán vende el busto de Lucio César hallado en Osuna
Se trata de un valioso retrato del que fuera nieto del emperador Augusto, que fue hallado en Osuna en 1903
Como no está declarado BIC, corre el riesgo incluso de que pueda salir al extranjero
La Junta adquiere seis valiosas piezas romanas halladas en Osuna para el Museo Arqueológico

En el año 1903, los arqueólogos franceses Arthur Engel y Pierre Paris descubrieron en Osuna un busto de grandes dimensiones que era un retrato de Lucío César, nieto del emperador Augusto. Se encontraba en perfecto estado en general, ... salvo por la rotura que presentaba en la barbilla. La pieza, de un gran valor artístico, se halla en estos momentos en posesión de un anticuario de Barcelona, por lo que corre el peligro de que pueda ser vendida. Por tal motivo, distintos arqueólogos han levantado ya la voz para que esta escultura sea adquirida por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía para que, de esta forma, sea expuesta en un futuro en el Museo Arqueológico de Sevilla, en vez de acabar en manos de cualquier coleccionista. El problema principal es que, según fuentes de la Junta consultadas por ABC, la escultura no está declarada Bien de Interés Cultural, de modo que ahora mismo podría salir extranjero.
ABC se ha puesto en contacto con José Beltrán Fortes, que es catedrático de Arqueología de la Universidad de Sevilla y que conoce perfectamente la historia de todas las piezas arqueológicas que fueron descubiertas en localidad ursaonense 1903. «Arthur Engel y Pierre Paris estaban desarrollando unas excavaciones en Osuna, en el llamado garrotal de Postigo, donde se situaba parte de la muralla que los pompeyanos erigieron en el año 45 a.C. en su lucha contra César tras la victoria de este en Munda. Las piezas escultóricas recuperadas serán llevadas al Museo del Louvre y parte se devolverán a la España franquista en 1942, junto a la Dama de Elche, cuando Francia estaba ocupada por los nazis», indica este experto.
De manera paralela al trabajo que estaban realizando los franceses en 1903, algunos habitantes de Osuna hicieron nuveas prospecciones en otros lugares del yacimiento y, en concreto, excavan un pozo situado junto al foro y al teatro de la ciudad romana, que estaba lleno de materiales. «Sacaron a la luz una serie de esculturas que son descritas de manera genérica en diversos artículos en el periódico local 'El Paleto de Osuna', aquel año de 1903 por un escritor anónimo», indica Beltrán Fortes.
Se da la circunstancia de que poco tiempo después, el arqueólogo anglofrancés Jorge Bonsor —que había excavado y musealizado la necrópolis de Carmona, el actual Conjunto Arqueológico— fotografió una parte de esas esculturas que se conservaban en Osuna como propiedad de uno de sus descubridores. Después de ello se les pierde la pista.
«A partir de esas fotografías, que se encuentran en el Archivo General de Andalucía en el Fondo Bonsor y que fueron publicadas por esa institución —prosigue este arqueólogo—, yo mismo presenté su estudio en la V Reunión sobre Escultura Romana en Hispania, que se celebró en Murcia en noviembre de 2005. Aunque entonces no se sabía, pues estaban desaparecidas, que aquellas esculturas fotografiadas se encontraban a menos de 500 metros de donde se desarrollaba aquel Congreso en Murcia».
De Osuna a Murcia
Y es que todas estas piezas que fueron descubiertas en Osuna han sufrido muchos avatares a lo largo de las décadas. En el curso de la realización de la tesis doctoral de la arqueóloga de la Universidad de Málaga Isabel López sobre las esculturas romanas de Urso, el asimismo arqueólogo José Miguel Noguera, catedrático de la Universidad de Murcia, «tuvo noticias de aquella colección, ya que su propietario se trasladó de Osuna a Murcia y se llevó las piezas. En ese momento estas se hallaban repartidas entre dos hermanas, descendientes de aquel, una de ellas tenía en su poder el retrato de Lucio César y un relieve con un león, y la otra poseía una cabeza de Minerva, dos fragmentos de la pierna de una escultura imperial militar, tres pies humanos —uno de ellos con una inscripción en la suela de la sandalia del escultor que había hecho la pieza, que se llamaba Balearicus, y que debía de ser procedente de las islas Baleares, algo totalmente insólito en aquella época, porque se trataba por lo general de esculturas anónimas— y una pata leonina que correspondería al soporte de una mesa», dice este experto.
«Visité la colección en Murcia con José Miguel Noguera y con Isabel López. Hicimos gestiones para que la Junta comprara esas piezas, pero no llegó a buen puerto. Una de las herederas pidió permiso al Ministerio de Cultura para vender su lote fuera de España. El Museo Arqueológico de Sevilla hizo un informe negativo. Al final Cultura le denegó el permiso y esas seis piezas de ese segundo lote fueron adquiridas por la Junta el año pasado por 76.050 euros».
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