Más que palabras
Silvia Sesé 800
La primera editora de Anagrama está a la cabeza de un sello que los lectores identifican con la calidad literaria en castellano de España, en español de América

De abajo arriba. De la lectura a la formación universitaria. De la formación universitaria a la corrección de textos. De la corrección de textos a la edición. De la edición a la dirección editorial. 'El trabajo de Silvia Sesé' (Trem, Lérida, 1965) con los libros ... ha seguido siempre, a lo largo de su carrera, «un proceso natural». Como el que no quiere la cosa. Hoy, la primera editora de Anagrama figura a la cabeza de un sello que los lectores identifican con la calidad literaria. En catalán de Cataluña, en castellano de España, en español de América y en la traducción a nuestra lengua de algunos de los grandes escritores de este tiempo. Sin solución de continuidad.
Silvia Sesé se confiesa entre esos lectores de su generación que empezaron a devorar libros a partir de las ediciones de los clásicos adaptados de Bruguera. Y a darse cuenta de la literatura verdaderamente iba en serio leyendo los clásicos de Aguilar. En su caso, las 'Obras completas' de García Lorca. Y la 'Ilíada' y la 'Odisea', en el papel biblia de la colección Crisol. Los crisolitos. Verdaderos «deslumbramientos». Luego, con Filología Hispánica de por medio, vino lo de enfrentarse cara a cara con los textos ajenos, en editoriales como las desaparecidas Circe o Labor. Algo que se llevó por delante cualquier veleidad de ser escritora ella misma, ya que puestos a leer, a leer «en serio», una no tarda en darse cuenta de «lo difícil, lo complejo y lo admirable» que resulta «levantar» una obra propia. Por no hablar de las dosis de soledad e incertidumbre que conlleva todo proceso de escritura.
Stieg Larsson
Del Círculo de Lectores, una empresa que contaba nada menos que con un millón ochocientos mil socios, se llevó la experiencia de estar al frente, como subdirectora editorial, de un equipo de dieciocho personas. Y del fervor incondicional de los lectores. Y de la capacidad de sacar adelante ediciones, que no se comercializaban en las librerías, de verdadero lujo y disfrute para cualquier amante de la literatura. De Destino, su siguiente ventura, éxitos como el de traer al lector español un fenómeno como el de Stieg Larsson y su serie 'Millennium', entre otras cosas de menor importancia. En Anagrama, donde fichó en 2015 como adjunta a la dirección y es desde 2017 directora editorial, lucha sobre todo por una cosa: incorporar a nuevas generaciones de escritores a un catálogo de nombres de primera línea. Autores jóvenes que aporten lo suyo a un espíritu que no puede defraudar jamás a los lectores. No es poco empeño.
La vocación de un editor, dice Silvia Sesé, donde se mide y se manifiesta es en su lista de autores y de libros. Una lista unitaria que, dentro de su amplitud y variedad, mantenga sin embargo unidad de estilo. «Aunque sea de manera subterránea». Un «lenguaje secreto» que es el código del verdadero editor. Más allá de eso, su trabajo consiste fundamentalmente en «acompañar» al escritor en su camino. Acompañarle y abrirle todas las puertas posibles. Hacer que tanto el libro como el autor identifiquen el sello con su casa. Por eso el editor, dice también, no debe buscar nunca un escritor de un solo libro, sino más bien un compañero de piso, y de andadura, que represente una verdadera propuesta literaria.
Un pequeño vicio
No parece que haya tenido especiales dificultades para conseguir su propósito en ninguna de las líneas de la editorial. Jóvenes catalanes, como Irene Solà, que funcionan igual de bien en catalán que en español, o en cualquiera de las treinta y tantas lenguas a las que ya ha sido traducida. Autores iberoamericanos, como los chilenos Alejandro Zambra y Benjamín Labatut, o los argentinos Mariana Enríquez, María Gainza y Federico Falco, que han encontrado su hueco tanto en uno como en otro lado del Atlántico. Casi casi un 'nuevo boom' hispanoamericano, con un público cada día más diverso. Y maravillosas aventuras en casa, como la incorporación a Anagrama del sello poético La Bella Varsovia, creado en su día por Alejandra Vanessa y Elena Medel, y una verdadera referencia de la pujanza de las nuevas editoriales independientes surgidas alrededor del cambio de siglo. Siempre nos quejamos de que hacen falta más políticas de promoción de la lectura, dice, como en los países europeos. Pero los buenos lectores siguen sosteniendo a los buenos libros.
Entre sus gustos personales un pequeño vicio: las correspondencias entre autores y editores. Una especie, es verdad, que interesa a poca gente, pero que goza de una intensidad y una verdad muy especiales. La constatación, dice ella, de la belleza de otros géneros, como las cartas o las propias conversaciones, que no son estrictamente literarios, pero que nos ayudan a apreciar la verdadera dimensión humana de un escritor. Y por lo general, digo yo, que contradicen también aquello que decía Goethe de que, de no haberlo, se debería inventar un infierno especial para los editores. Los gozos de un oficio.
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