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EL FARO

MANU, NO LO HAGAS

VICENTE y ORDAZ

Jamás se me hubiera ocurrido tomar una decisión importante sin saberlo mis padres

He de reconocer que soy de la vieja escuela, antiguo si lo prefieren. Jamás se me hubiera ocurrido a mis 14 años, en pleno siglo XX, tomar una decisión importante sin el conocimiento de mis padres. De hecho, no contemplo que mi hijo lo haga... aunque a él, en el siglo XXI, se lo permite la ley. Con 14 años, los niños, porque a esa edad siguen siendo niños, no pueden entrar en ciertos locales, ni conducir, ni siquiera comprar tabaco, pero la ley les da la posibilidad de elegir si se manifiestan o asisten a clase sin la necesidad de un permiso paterno. Es curioso que cuando mi hijo curse tercero de la ESO (falta poco ya), como padre tendré autoridad para determinar si va o no a una excursión, si se apunta o no al equipo de fútbol del cole, pero será él quién decida si asiste a clase de lengua o hace huelga. Manu, no lo hagas.

En estos días, se ha apuntado equivocadamente al Tribunal Supremo como responsable de una situación a la que la denominación de kafkiana le queda corta. El Alto Tribunal tan solo determina que el decreto aprobado por la Generalitat Valenciana contra esta ley no puede contravenir una norma de rango superior, la LODE de 2006, aprobada por el partido socialista y que permite a los alumnos no asistir a clase como medio de protesta y sin necesidad del permiso paterno para secundar huelgas educativas.

No se cómo lo hacemos, pero en ocasiones, las leyes, las personas directamente responsables de la educación de nuestros hijos, y hasta el mismo sistema parecen más preocupados en que los alumnos no asistan a clase, en lugar de fomentar lo contrario. Que hace calor en las aulas, se presiona para que los niños no asistan; que hay una mínima discrepancia por lo que sea, se convoca una huelga –en esto somos muy buenos visto el número de paros convocados en los últimos años–; que niños de 14 años quieren manifestarse, por supuesto pueden hacerlo. Sin permiso de nadie, les ampara la ley. Solo espero que nuestros hijos tengan más sentido común que los legisladores. Ellos son el futuro, aunque los adultos, por lo visto, no se lo estemos poniendo fácil.

MANU, NO LO HAGAS

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