CARNAVAL DE CÁDIZ

La generación impermeable

El aficionado actual ha perdido la capacidad de concentración. Estamos continuamente expuestos a estímulos de todo tipo a través de unas redes sociales que están pensadas para captar nuestra atención

FRANCIS JIMÉNEZ

Antonio Pérez 'Piru'

Hemos escuchado muchas veces eso de que «el concurso ya no es lo que era», «qué pena de afición la de ahora», «la culpa es de la gente de fuera», etc.

Es notorio que el carnaval no está viviendo su momento más orgánico con la afición. El diagnóstico que hacemos es certero, lo que no estoy tan convencido es si hemos dado con el origen de esta patología.

Cuando hablamos del «aficionado» de carnaval, nos referimos a él como si saliera de un agujero negro cada febrero y se volviera a ir el domingo de piñata, y, obvio, que no es así. Al aficionado hay que analizarlo en un contexto, y ese contexto es cada vez más global. Las conductas propias de cualquier ser humano occidental están presentes también ya en la gente de Cádiz, por suerte o por desgracia.

El aficionado actual ha perdido la capacidad de concentración. Estamos continuamente expuestos a estímulos de todo tipo a través de unas redes sociales que están pensadas para captar nuestra atención.

Son espacios virtuales hechos a medida, donde nos sentimos cómodos y nos nutrimos de todo lo que nos excita al instante. Un bombardeo constante que pone en órbita nuestras dopamina para mantenernos horas pegados a la pantalla.

¿Cómo se compite contra eso?

Los autores no paramos de darle vueltas a ese tema, algunos sin saber qué está pasando, pero alertados por la certeza de que lo que hacían antes ya no vale.

Ahora funcionan los repertorios efervescentes, las letras actuales, todo instantáneo. Se busca sorprender en cada pase. El cuplé cortito (como un reel) y de tres en tres (como un carrusel), para que no te dé tiempo a aburrirte. Los pasodobles, cuanto más reciente sea el tema y más vibrante o violenta la temática, mejor.

Esto va a desembocar en un popurrí distinto para cada pase, varias escenografías y en la desaparición de la poesía por unas letras cada vez más incisivas y «frescas».

¿Es necesariamente malo esto? Bueno, quizá no para el concurso, pero sí para una sociedad que es incapaz de enamorarse de una copla y que solo quiere «relaciones de una noche» con la agrupación de turno.

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