Verónica y sus pequeños investigadores

Bióloga en la UCA y voluntaria de la Asociación Española Contra el Cáncer, lleva la alegría y la ciencia a los pequeños pacientes del Puerta del Mar

Verónica de las Heras es investigadora de la Universidad de Cádiz, en el departamento de Biología. Pertenece al grupo de ‘Fisiología de la Alimentación y el Bienestar en Acuicultura’ de la UCA, esencial en esa búsqueda de un mundo más sostenible apoyado en la economía azul. Mucho trabajo, horas y horas de estudio.

Pero, desde hace unos meses, desempeña gran parte de su tiempo libre en la colaboración de manera desinteresada con la Asociación Española Contra el Cáncer. Insiste en que se trata de un 'quid pro quo', un pacto de interés mutuo y beneficioso. Ella les facilita el aprendizaje de la ciencia a los niños y niñas que pasan gran parte de su existencia en el hospital Puerta del Mar; ellos le enseñan a sonreír, a soñar, a vivir.

Los luchadores de la planta oncológica son sus 'pequeños investigadores'. Les sumerge en el apasionado mundo de la ciencia.  A través del uso de peces de peluche, los participantes simulan procedimientos de investigación como pesar, medir e incluso extraer muestras, recreando un entorno de laboratorio adaptado al entorno hospitalario. "Traemos la ciencia más real y más pura directamente hacia los niños", apunta Verónica. "Es una colaboración preciosa con la Asociación".

Para los pequeños, "supone una distracción, que al final es el principal objetivo que perseguimos, ya que se llevan mucho tiempo en un hospital". Transforman esa sala en un laboratorio, y así cumplen la misión "de que se diviertan, se entretengan y se distraigan. Que por una o dos horas no piensen en el lugar donde están".

Con su compañera Isabel, otra voluntaria, "les llevamos hasta el extremo haciendo que la actividad sea lo más divertida posible. Hacemos que  participen porque realmente deben de ser ellos los protagonistas de toda la actividad".

Esa es la primera parte del trato. Dar. Infinitivo del verbo amar. ¿Y qué reciben? Pues un buen puñado de besos, millones de abrazos e infinitas satisfacciones. "Aquí somos un niño más". "Es satisfacción pura y plena. Al final, es egoísmo, porque yo lo hago para pasármelo bien y sé que les estoy dando una parte de mi tiempo para que ellos disfruten, pero es que ellos me dan mucho más a mí de lo que yo posiblemente les pueda dar a ellos".

"Tenemos que colaborar y desinteresadamente porque si pretendemos sacar un rédito de todo, al final, no tiene sentido nada de lo que estamos haciendo", reflexiona Verónica. "Estoy dando mi tiempo, poco para lo que me gustaría, pero lo doy de una forma muy alegre".

La investigadora sabe que las alegrías, si son compartidas, se multiplican. Anima a participar en la sociedad de manera 'egoísta', lucrándose de un enriquecedor cariño y maravillosas energías. "Sin el apoyo de la gente, las cosas no se conseguirían. Al final el pueblo es el que mueve todo y el interés y las ganas de hacerlo es lo que consigue absolutamente todo".

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