“Hay que acabar con los mitos que estigmatizan a las personas con problemas de salud mental”
Siempre se teme mucho más a lo que no se ve, a lo que no se puede controlar. La salud mental, cuyo trato dignificado está inmerso en su incipiente camino tras ser un tabú a lo largo de la historia, sufre numerosos estigmas cimentados especialmente en el desconocimiento y la ignorancia. Este lunes 10 de octubre se celebra el Día de la Salud Mental y es una maravillosa excusa para arrojar más luz sobre un terreno condenado a la oscuridad.
El programa Incorpora de la Fundación La Caixa fomenta y facilita que las personas con trastornos mentales accedan al mercado laboral, pues el empleo permite el acceso a una vida independiente y contribuye al bienestar y a la salud. La Asociación Equa, en Cádiz, es una de las nueve entidades de la provincia que participan en este plan, y es que en esta tierra se implantó el proyecto piloto con tanto éxito que se exportó a toda España. Irene López, técnica en inserción laboral, coordina esta entidad y desvela sus principales líneas de trabajo.
-¿En qué consiste el proyecto Incorpora?
-Es un programa cuya finalidad es atender a colectivos vulnerables, a personas en exclusión, para su incorporación al mercado laboral. Además, establecemos y desarrollamos una red de colaboración entre organizaciones pues nos dirigimos a muchas empresas y es clave la coordinación. Aquí en Cádiz comenzamos en 2006 y hemos ido creciendo, sino uno de los proyectos más importantes a nivel nacional relacionados con el empleo.
-¿Cómo es la labor del día a día?
-Realizamos una labor de tutelaje, de aconsejar y acompañar a las personas. El acompañamiento cercano es muy importante, eso nos diferencia de una ETT (Empresa de Trabajo Temporal). Las nueve entidades de la provincia atendemos a los beneficiarios que nos llegan: personas con discapacidad, víctimas de violencia de género, que han estado en prisión y por supuesto con algún tipo de trastorno mental. Hacemos un estudio, qué expediente tienen, cómo pueden aumentar su empleabilidad...
A su vez, ofrecemos formaciones propias y de otras asociaciones como Cruz Roja, Cáritas... Diseñamos cursos a medida de lo que necesitan las empresas para asegurar el 100% de éxito en la reinserción.
-El acceso a un trabajo ya es difícil de por sí, máxime en una tierra tan maltratada por el paro.
-Es muy complejo porque en Cádiz hay poca industria. Faltan trabajos más automatizados, y que serían mejores para que las desarrollaran las personas con problemas de salud mental o con discapacidad. Hay mucho servicio, turismo, hostelería, que por horarios y desempeño no son los más adecuados para estos colectivos.
-¿Por qué es tan importante la labor con aquellas personas que sufren problemas de salud mental?
-Pues porque es un colectivo que está muy estigmatizado. Junto a la discapacidad psíquica, es a la situación a la que cierran más puertas. Por ello debemos profundizar en un trabajo muy duro de sensibilización. Nos vemos las caras y fomentamos los puestos en prácticas laborales que luego derivan en contrataciones. Entonces, las empresas y los diferentes organismos comprueban como una persona con salud mental que se encuentra estabilizada no supone ningún problema.
Esta labor visible quita muchos estigmas y elimina muchos mitos. A su vez, se informa a las entidades de que las contrataciones suponen beneficios fiscales.
-¿Cuáles son esos mitos?
-Con la enfermedad mental, pues la sociedad lo simplifica, como si sólo hubiera una. Entienden que sólo puede ser esquizofrenia y otros trastornos similares. Pero pueden ser depresiones crónicas u otros trastornos obsesivos compulsivos.
Luego, creen que se darán de baja, o que habrá bajo rendimiento por la medicación, que incluso van a faltar al trabajo al no poder. También visualizan una persona agresiva, que se va a alterar y a llevar mal con los compañeros... Y contra eso tenemos que luchar.
-¿Cómo es el 'feedback' que reciben? ¿Qué les comentan tanto desde las empresas como desde los propios beneficiarios?
-Es muy positivo, y la prueba es que cada vez se abren más puertas. Somos muchas organizaciones y ya nos conocen. Van aprendiendo que el problema no está en la discapacidad, sino en la persona.
Pese a todo, es difícil lograr ese acceso a la empresa ordinaria. Suelen ser más empresas orientadas a la inserción.
-Aparte de los beneficiarios y las empresas, hay una tercera vía que desarrolla el proyecto Incorpora: la formación de los profesionales.
-El programa ofrece una formación especializada a los técnicos y estamos en reciclaje continuo. Ayudan mucho los protocolos de actuación y los manuales, estar continuamente en fase de aprendizaje.
-¿Qué diferencias existen entre sus inicios hace casi dos décadas y el momento actual?
-Se ha crecido muchísimo a nivel de incorporaciones. Es increíble como han aumentado las personas que han accedido a un trabajo, cada año se han logrado los objetivos y siempre se ha ido a más. Este último curso se ha conseguido dar un impulso enorme después de los problemas sufridos durante la pandemia, que complicaron los seguimientos. Pero el trabajo da sus frutos y hasta el mes de agosto en Cádiz hemos logrado más de 500 incorporaciones a puestos de trabajo.
-¿Este colectivo (personas con trastornos mentales) padece una mayor estigmatización que otros?
-Así es, al igual que la discapacidad mental. Problemas mayores por ejemplo que personas con una discapacidad física. Seguramente, lo que no se ve da más miedo, no se sabe cómo controlar.
-¿Ha notado un cierto avance en la importancia de la salud mental en la sociedad? Empieza a estar en la agenda de los políticos.
Sí. Es necesario hacer hincapié porque es un colectivo muy estigmatizado y nada visibilizado. Existe un gran rechazo y cuando uno ve esta desigualdad es cuando debe insistir más. Hay una carencia muy importa en el seguimiento y tratamiento de la salud mental. La sanidad pública cuenta con excelentes profesionales pero mínimos recursos, no dan abasto, y los pacientes necesitan mayor atención y derivación. Los medios públicos son muy escasos y obligan a acudir al sector privado, un inconveniente para un colectivo vulnerable.