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“Tengo Parkinson cognitivo, no de temblar sino de perder poquito a poco la memoria”

Felipe Fernández, usuario de Parkinson Cádiz, cuenta su experiencia y su día a día en la asociación

Desde el año 2003, la Asociación Parkinson Cádiz se dedica a mejorar la calidad de vida de las personas con enfermedad de Parkinson y de sus familiares.

"Tenía una depresión muy gorda por motivos laborales. No podía más y me tuve que ir del trabajo porque no aguantaba", rememora Felipe Fernández, un gaditano de 61 años, vecino de La Laguna, que ha sido diagnosticado de Parkinson hace cuatro años. Es el usuario más joven diagnosticado de la asociación gaditana.

"Si un día no acudo al centro es como si me dieran una patada en la boca", explica contundente. El gaditano se deshace en halagos para todos los trabajadores de la asociación: "Tenemos un cuadro de cuidadores que no lo tiene nadie en Cádiz porque son magníficos".

No es para menos, Felipe llegó al centro de la mano de su esposa Chari que lo ha acompañado desde el principio en esta travesía. "Dejó su trabajo para cuidarme y siempre está ahí para apoyarme. Es un pilar importante en mi vida y ella fue la que me sugirió venir a la asociación Parkinson Cádiz que tiene su sede muy cerquita de nuestra casa y del estadio".

Cuenta el gaditano que fue el médico de cabecera el que le derivó al neurólogo que mandó hacer un SPECT craneal, una técnica que permite obtener imágenes sobre el funcionamiento de diferentes regiones del cerebro.  "Ahí salió que tenía Parkinson cognitivo, o sea, Parkinson no de temblar sino de perder poquito a poco la memoria. Entonces enseguida estuvimos buscando un sitio para poder manejar bien la memoria y poder trabajarla".

En el centro gaditano realizan actividades cognitivas, ejercitan los músculos de la cara, la lengua, boca por se produce algún problema de atragantamiento y reciben clases de gimnasia, algo imprescindible para su recuperación.

Además también informan, orientan y asesoran sobre la enfermedad. Tienen  atención psicosocial individual y familiar; terapias de rehabilitación (fisioterapia, logopedia, estimulación cognitiva,...), actividades de sensibilización y divulgación, promoción del voluntariado y participación ciudadana.

Día Mundial del Parkinson

El 11 de abril se celebra el Día Mundial del Parkinson, para concienciar a la población acerca de esta enfermedad neurodegenerativa que afecta a millones de personas en el mundo.

La enfermedad de Parkinson se asocia a una disfunción en las mitocondrias, los orgánulos encargados, entre otras cosas, de suministrar energía a las células. Algunos estudios han demostrado que en el líquido cefalorraquídeo de pacientes de Parkinson se observa que el ADN mitocondrial presenta defectos, lo que sería un indicador de ese funcionamiento defectuoso. Sin embargo, lo que está sin esclarecer es si ese malfuncionamiento mitocondrial es una consecuencia de la enfermedad de Parkinson o es previo, y es una de las causas de la enfermedad.

Depresión y enfermedad neurológica

La depresión aumenta la carga de la enfermedad neurológica al limitar la respuesta al tratamiento, aumentar la discapacidad, reducir la calidad de vida y elevar las tasas de mortalidad, tal y como se pone de manifiesto en el reciente artículo publicado en 'Brain Sciences'.

Entre un 30-50 por ciento de las personas que padecen una enfermedad neurológica también padecen depresión y la depresión en el contexto de las enfermedades neurológicas suele estar infravalorada e infratratada y presenta retos en su diagnóstico debido a la heterogeneidad de los síntomas y a su posible confusión con otras enfermedades, afirma la revisión.

"La depresión está infradiagnosticada porque muchos neurólogos aún se centran en el diagnóstico de la enfermedad neurológica y comprenden, muchas veces, la depresión solo como una dificultad de adaptación a la enfermedad neurológica. Falta, quizá, esa comprensión de que los síntomas de la depresión están causados por la misma disfunción de los circuitos cerebrales", afirma el neurólogo en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau y uno de los autores del citado artículo, el doctor Javier Pagonabarraga.

Los trastornos neurológicos y la depresión pueden compartir procesos fisiopatológicos y, además, en algunas enfermedades neurológicas, como la enfermedad de Alzheimer, la epilepsia y el accidente cerebrovascular, existe una relación bidireccional con la depresión, de modo que la depresión es un factor de riesgo para ciertos trastornos neurológicos y viceversa.

Si la depresión no se detecta ni se trata junto con el trastorno neurológico, puede provocar la persistencia de los síntomas y una mayor discapacidad. El tratamiento de la depresión en las enfermedades neurológicas requiere de un enfoque que contemple tanto los aspectos neurológicos como los psiquiátricos y psicológicos, lo que pasa por estrategias integradoras con intervenciones farmacológicas y no farmacológicas. Los neurólogos deben reconocer los síntomas, realizar un diagnóstico e iniciar la terapia de forma precoz, según pone de manifiesto este artículo.

La prevalencia de depresión en pacientes con deterioro cognitivo leve es de aproximadamente el 25 por ciento en muestras comunitarias y del 40 por ciento en muestras clínicas. Entre los adultos mayores con demencia por todas las causas, la prevalencia del trastorno depresivo mayor es del 14,8 por ciento en pacientes con enfermedad de Alzheimer (EA) y más elevado (24,7%) en pacientes con demencia vascular.

La progresión del Alzheimer está asociada con una apatía más severa y una depresión y ansiedad menos graves, pero los síntomas afectivos son prevalentes en todas las etapas de la demencia.

Por su parte, los síntomas neuropsiquiátricos en la enfermedad de Parkinson a menudo contribuyen más a la discapacidad, a peor calidad de vida y a mayor carga para los cuidadores que los síntomas motores, tal y como refleja la revisión publicada en 'Brain Sciences'. Por tanto, el inicio temprano del tratamiento para los síntomas depresivos en el Parkinson es crucial.

La depresión es, además, el trastorno afectivo más frecuente tras un ictus y afecta significativamente a la rehabilitación posterior al ictus, la calidad de vida, la mortalidad y la discapacidad. La depresión post-ictus puede ocurrir en, aproximadamente, uno de cada tres personas con ictus y permanece estable hasta 10 años después del ictus. La evaluación precoz de la depresión en la fase aguda del ictus es crucial, ya que la presencia de síntomas de ictus puede dificultar el diagnóstico y conducir a un infradiagnóstico.

"Cada vez entendemos más la depresión no como un déficit de neurotransmisores sino como una disfunción en red, es decir, está el bucle límbico, que involucra el córtex prefrontal, regiones emocionales del sistema límbico, regiones asociadas al sistema límbico del lóbulo temporal y, por tanto, el gran reto es cómo conseguimos restablecer y conseguir que este bucle límbico fronto-subcortical vuelva a funcionar correctamente", declara el doctor Pagonabarraga.

En su opinión, "la concepción de la depresión como una enfermedad en red abre la vía a muchos más mecanismos de acción y, por tanto, a muchas más dianas terapéuticas". Por último, este especialista apunta también a la importancia de la psicoterapia en el tratamiento de la depresión, un abordaje que se debe reclamar, "ya que cuesta mucho poder realizar psicoterapia, especialmente desde la neurología, y sin ella, los pacientes no van a acabar de estar bien tratados".

La fase REM del sueño y la prevención del Parkinson

 

Un estudio en el que participa la Clínica Universidad de Navarra busca marcadores que permitan reconocer qué pacientes con trastorno de conducta de sueño en fase REM tienen riesgo de padecer Parkinson o han empezado a desarrollar una enfermedad neurodegenerativa, una investigación que podría servir en el futuro para ofrecer opciones terapéuticas que frenen su progresión.

Los pacientes con trastornos de conducta en fase REM escenifican los sueños mediante gritos o movimientos violentos. "En esta etapa, el tronco cerebral bloquea el movimiento y evita que escenifiquemos nuestros sueños. Sin embargo, hay personas mayores de 50 años que no reciben esta señal porque han comenzado a desarrollar una enfermedad neurodegenerativa", ha explicado la especialista de la Unidad de Sueño de la Clínica, Elena Urrestarazu.

"El 33 por ciento de estas personas padece Parkinson en 5 años y el 75 por ciento, en 10. Por eso, entendemos que, si padecen esta afección, posiblemente ya han empezado un proceso neurodegenerativo", ha agregado Urrestarazu.

Actualmente, no existe un tratamiento que evite la neurodegeneración. Sin embargo, Urrestarazu afirma que "obtener esta información sería algo muy valioso para el futuro, porque permitiría saber cuándo es conveniente comenzar la medicación a partir de una simple prueba".

 

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