Lucía García: «Lo discapacitante es el entorno, no la persona»
Buena mañana en Jerez. Todavía no aprieta el primer calor del estío. Las nubes ofrecen una tregua; funcionan como parapeto para resguardarse de los rayos del sol. En fin, perfecta para estirar las piernas y despejarse la cabeza. Así Lucía acompaña a uno de los chicos que reside en los hogares que la asociación Autismo Cádiz regenta en la zona sur de la localidad jerezana.
Ese paseo, más ahora en tiempos pandémicos, es fundamental en la activación antes de una jornada que se divide en talleres y actividades que conforman la rutina del día a día. En varios de ellos participa esta joven de 22 años de Puerto Real, voluntaria en el centro de hogares de dicha entidad, con personas adultas.
"Empecé a hacer las prácticas de la carrera de Terapia Ocupacional y la experiencia ha sido tan agradable y gratificante que decidí quedarme como voluntaria. Nunca he estado tan a gusto como aquí", apunta Lucía, que contrasta la candidez de su juventud con un discurso maduro y madurado, distante de la expectativa que genera gran parte de la sociedad actual.
Colaborar con Autismo Cádiz "es especial por la gente, por cómo me han tratado y me han hecho sentir una más de la familia. Aquí se pone en valor el trabajo del terapeuta. No había trabajado aún con personas con autismo y ha sido una experiencia muy bonita". La asociación además colabora en el proyecto para mejorar la calidad de vida de las personas con Autismo de estos hogares: https://www.migranodearena.org/reto/proyecto-nube-taller-de-relajacion-para-personas-adultas-con-tea
Lucía inició su labor "con un proyecto de apoyo activo. Sobre todo al principio fue clave apoyarlos a nivel de actividades básicas porque durante la pandemia no podían salir a la calle y había que volver a recuperar esas rutinas: paseos, trabajar la forma física, también muchas actividades a nivel cognitivo...", enumera. "A ellos les ha supuesto un impedimento bastante grande no seguir con su rutina previa al covid. No han podido salir a tomar café, comprar ropa... y eso a largo plazo, como consecuencia, no ha sido positivo. Cuando tienen crisis, duele verlos así, trabajando tan bien y que de repente les pase eso. Se resuelven muy bien gracias a la experiencia de los profesionales, pero es duro. Impresiona".
El uso del ordenador, esencial en los quehaceres diarios, es uno de los pilares del proyecto en el que Lucía se ha involucrado junto a los trabajadores del centro. "Esta idea sirve para fomentar su autonomía e independencia, en base a intereses a gustos, que les haga crecer como personas y a nivel general mejore su calidad de vida".
Es un trabajo pero no como cualquier otro. El componente vocacional es enorme y decisivo. "Es así, o te gusta o... a mí me hace sentir bien. Es una lástima que solo por tener una manera diferente de entender el mundo y los estímulos alrededor, estén discriminados. No tienen las mismas oportunidades que tenemos nosotros, y no es justo". Acompañar a estos chicos para favorecer la inclusión, sumado a la batalla diaria por mejorar las condiciones externas, provoca que ese esfuerzo merezca la pena.
"Lo discapacitante es el entorno, no la persona. Si estuviera adaptado a todos se podrían desarrollar como personas de pleno derecho". Por ello desde estas asociaciones insisten en la importancia de visibilizar esta ardua tarea, "hay que saber qué es una discapacidad realmente. Hay muchos proyectos que hacen que estas personas tengan calidad de vida. Aquí tenemos un formato de hogares y están muy cómodos. Viven en su casa, que comparten con otros compañeros, y es clave la inclusión en la comunidad. "Muchas veces no sabemos cómo tratar la discapacidad, piensas que estás ayudando y en realidad estás perjudicando. Y cuando convives con ellos ves que son personas como nosotros, que simplemente entienden el mundo de otra forma".