“En Alendoy fui feliz de niña y ahora me gusta ayudar a otros niños”
Alendoy significa alegría en caló. Esta asociación gaditana lleva casi un cuarto de siglo apoyando a los niños y a las familias con falta de recursos, trabajando con ellos para conseguir la igualdad y la justicia social a través, esencialmente, de la educación.
Cuenta con una amplia red de voluntarios que durante sus diferentes etapas van ayudando en las distintas actividades. Entre ellos se encuentra Paula Paradas Gordito (20 años). Estudiante de psicología, comenzó a intervenir en la entidad hace pocos meses.
"Ahora mismo soy monitora de ocio con los niños chicos. Y les apoyo y juego con ellos", destaca Paula. "Primero hacemos la tarea. Les ayudamos con los deberes. Luego media hora de merienda, se lavan los dientes y luego taller o ludoteca y juego libre. Lo importante de las horas de taller son los valores que le transmitimos a los niños: contra el bullying, sobre las nuevas tecnologías, la familia y la necesidad de tratarlos bien, a nuestros padres, hermanos y a nuestros compañeros".
La relación con los pequeños es especial. "Son muy graciosos y quieren que estés todo el día pendiente de ellos. Se apoyan mucho en ti, te imitan y te toman como referente".
En tan poco espacio de tiempo, la joven gaditana ha empezado a sentir que sus actos tienen consecuencias, y en esta ocasión muy positivas. "Está muy bien cuando el niño te entiende y te hace caso. Lo mejor es ver como los niños, que tienen muchos problemas y falta de apoyo y recursos, puedes cambiarles todo eso con la asociación. Ves como mejoran y aprenden algo, y les estás ayudando".
Paula, que vive en el barrio de la Laguna, pertenece a una familia muy ligada al movimiento asociacionista. Su madre fue una de las precursoras de Alendoy así que conoce bien el terreno. "Desde pequeña yo era alumna aquí. Venía a los campamentos, la ludoteca, conocía la asociación y me dieron la oportunidad de sr voluntaria aquí".
"Me encantaba venir. Me lo pasaba genial, todavía tengo amigos aquí. Además, me gustan los niños. Me gusta ayudarles, trabajar con ellos. Ahora mismo colaboro con niños de entre ocho y doce años, del colegio Adolfo de Castro y también de la asociación. Yo fui muy feliz y quiero apoyar a estos chicos y chicas", señala.
"Me gustaría seguir en Alendoy. Yo echo las horas por la tarde y no me pesan, me encanta estar aquí, no me interfiere en los estudios. Quiero estar mucho tiempo".
Sus amigos también colaboran con diversas asociaciones. Ella anima a aquella persona que esté dudando y desee implicarse. "Es una experiencia muy bonita. Se aprende mucho, se adquieren valores importantes, y hay que colaborar con la sociedad y nuestras asociaciones".
"A mí me han hecho super feliz, siempre, y es un colectivo que ayuda a los niños y a las familias".