El alcalde de Londres, Boris Johnson, colgado de una tirolina, en agosto de 2012. :: REUTERS
Sociedad

Conejillo Johnson

El inefable alcalde de Londres promete colocarse delante de un cañón de agua a presión para demostrar que son inofensivos

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Aunque sea mucho imaginar, haga un esfuerzo e intente recrear en su mente la siguiente escena: Ana Botella, Xavier Trias o el alcalde de su ciudad o pueblo se plantan en medio de una calle, cuales héroes solitarios y valientes, y se ponen a tiro de un camión armado con un cañón de agua, de esos que utilizan los antidisturbios. «¡Dispara, dispara!», retarían al agente nuestros primeros ediles, dispuestos a demostrar que un chorro de agua, aunque sea a presión, no hace daño a nadie. El agente, como el soldado que va a disparar a un condenado a muerte, obedecería las órdenes. Y momentos después de ser golpeados por el líquido elemento, lanzados al suelo, golpeados contra el pavimento y calados hasta el tuétano, nuestros alcaldes se levantaría orgullosos y comenzarían a gritar: «¿Veis cómo no pasa nada?».

Pues más o menos, esto es lo que pretende hacer el 'major' de Londres, el inigualable Boris Johnson, aquel hombre que en los Juegos Olímpicos de 2012 se quedó colgado en una tirolina agitando la bandera británica mientras el mundo entero sufría de vergüenza ajena. Su último órdago es una mezcla de apuesta política y mamarrachada, pero ya ha conseguido acaparar el debate político en el Reino Unido. Resulta que, para frenar la ola de disturbios que se producen en Londres, Johnson ha prometido que va a comprar tres tanquetas con cañones de agua, unos vehículos de segunda mano, actualmente utilizados por la Policía alemana, cuyo coste supondría para los bolsillos de los londinenses un total de 161.000 euros (130.000 libras). Ante semejante anuncio, las críticas no se han hecho esperar: la adquisición era propia de una mentalidad represora, además de dinero tirado a la basura. Hasta la ministra del Interior, Theresa May, rival política de Johnson en una futura e hipotética lucha por el liderazgo del Partido Conservador, se mostró muy disgustada con la idea. May pidió a un grupo de expertos un informe sobre las consecuencias del uso de los cañones de agua.

Pero Johnson no ha querido esperar y está dispuesto a probar en su propia piel que los chorros de agua son inofensivos. A la pregunta de un periodista radiofónico sobre si se atrevería a colocarse frente a una de estas tanquetas, Johnson comenzó afirmando: «No estoy muy seguro de que lo haría, no tengo que demostrar nada». Pero el entrevistador le retó y, como no hay nada que guste más a un inglés que una apuesta, así que Johnson se calentó: «No soy un gallina. Me has retado y lo voy a hacer. Me imagino que mis asesores se están tirando de los pelos, pero ya está decidido, lo haré. Muchas gracias». Así que ahora solo queda esperar a que Johnson se plante en medio de The Mall y las tres tanquetas avancen desde Buckingham Palace, apunten y disparen contra el alcalde. Qué espectáculo.