Manifestantes piden la ayuda de EE UU ante su embajada en Kiev. :: AFP
MUNDO

Europa, dividida, descarta una guerra comercial con Rusia

Los líderes comunitarios, atados por sus intereses nacionales, elevarán hoy el tono ante Moscú, pero mantienen su apuesta por la vía diplomática

BRUSELAS. Actualizado: Guardar
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Los jefes de Estado y de Gobierno se reúnen hoy y mañana en Bruselas para decidir cuál va a ser la factura que le van a hacer pagar al Gobierno de Moscú por «haber pasado todos los límites de lo tolerable». El mundo mira a Europa, pero fuentes diplomáticas vaticinan que más allá de nuevas sanciones individuales, la suspensión definitiva de la cumbre bilateral de junio en Sochi o advertencias verbales, los líderes comunitarios, atados por sus intereses nacionales, volverán a actuar con el freno de mano haciendo el enésimo llamamiento a la diplomacia.

Vladímir Putin ha hablado por la vía de los hechos, con Crimea ya anexionada desde el martes y sin la menor intención de dar marcha atrás. El Kremlin ha diseñado un nuevo tablero geoestratégico y ahora sólo queda negociar una salida a la Crimea rusa en la que todas las partes salgan más o menos bien paradas. 50 horas después de materializarse la anexión (la UE tiene sus propios ritmos), los líderes comunitarios, muy contundentes en las reacciones emitidas desde sus propios países, aterrizan hoy en Bruselas para escribir el comunicado conjunto de conclusiones, ese documento tan complejo que intentará aunar 28 sensibilidades tan dispares.

Lo harán durante una cena cuya sobremesa se presume «muy larga» -fiel a las buenas costumbres de las largas madrugadas bruselenses- y en la que deben decidir, entre otras cosas, qué respuesta dar a Putin. El vértigo, lógico, se palpa en el ambiente del Consejo Europeo. En su cita extraordinaria del 5 de marzo, se confeccionó una hoja de ruta con tres fases: la primera, suspensión de varios encuentros políticos; la segunda, imponer sanciones individuales prohibiendo el acceso a Europa y congelando bienes -esta se activó el lunes- y la tercera y aún en la recámara, decretar una suerte de guerra económica a Rusia aprobando por ejemplo restricciones en la importación de productos rusos. «Es muy improbable, casi descartable, que se active en esta cumbre. Todavía no», recalcaron fuentes comunitarias.

«No actuar a la rusa»

¿Pero cuándo? ¿Qué más tiene que hacer Rusia para que se activen? Estos mismos medios abogaron por la tan manida «mesura». «Hacerlo sería actuar a la rusa y sólo supondría fomentar una escalada de la tensión cuando lo que hace falta es lo contrario», recalcaron. Sin embargo, el trasfondo de la decisión está marcado por los intereses energéticos, empresariales o militares que tienen las grandes potencias con Rusia. «Ahora, la actitud es de estar mirándose unos a otros a ver quién da el primer paso», describen estos medios.

Porque si el grupo formado por las repúblicas exsoviéticas, Polonia o Suecia demanda contundencia, el resto de potencias no lo tiene tan claro. Sí condenan lo sucedido y exigen medidas contundentes, pero a la hora de la verdad, de puertas para adentro, la crudeza verbal se diluye. Berlín depende demasiado del gas ruso; Londres, su City, de los millones de los magnates; París, de sus contratos con la industria militar, y España, por ejemplo, de una activa política de visados clave para el turismo nacional. En lo que sí hay acuerdo es en firmar el viernes un acuerdo de libre comercio y asociación con Ucrania. Ayer, sin ir más lejos, la Comisión propuso mil millones de ayuda.