PAN Y CIRCO

ODIO EL BRÓCOLI

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Nunca pensaría en comerme un plato de brócoli antes que un buen potaje, un plato de carne o pescaíto frito gaditano. Seguramente no será de mis verduras favoritas, si es que hay alguna, y prefiero algo tan de Cádiz como unas espinacas con garbanzos. Y es que la 'gracia' del 'brócoli mecánico', junto a su hortera camiseta que nos causaba sorpresa cuando La Hoya Lorca visitó Carranza en la primera vuelta, ha pasado a mejor vida. Pero es mucho mérito, meritazo, el que tiene este equipo que la campaña pasada jugaba en Tercera División y esta temporada lucha por ascender a Segunda. No hay palabras. El ritmo de puntuación de La Hoya Lorca y Albacete hace que el Cádiz tenga la obligación de sacar los tres puntos en el choque de mañana. Todo lo que no sea ganar será decir adiós en un 95% al liderato. Una plaza, que por otra parte, no inquieta a Raúl Agné, que en más de una ocasión ha dejado caer que no le preocupa ser segundo, tercero o cuarto, mientras se ascienda. A mí tampoco me inquietaría si se consigue, pero es una obviedad que siendo líderes las opciones de subir se multiplican de forma importante. Dejando de lado el tema del liderato, el choque es vital para los amarillos. Recuperar confianza, despejar dudas, vencer a domicilio (seis derrotas en doce partidos lejos de Carranza) y dar un golpe de mesa ante un equipo que está invicto en su feudo.

Seguramente la tarea no será fácil, pero este equipo debe imponer su calidad, debe demostrar que es mejor, al menos individualmente, que una escuadra que juega como bloque. Este último, precisamente, es el gran secreto de los murcianos: jugar y funcionar como un equipo, algo que por mucho que se ha empeñado y se empeñe Agné, él no ha conseguido con su Cádiz. Con todo, mañana se presenta una primera final para los amarillos y para un cadismo que desde hace unos meses también odia el brócoli.