Joaquín Almunia lidera desde 2010 la cartera de Competencia, cargo al que llegó tras ser seis años comisario de Asuntos Económicos. :: ARIZMENDI
Economia

«Es una estupidez bajar los sueldos un 10% como pide el FMI; ¡que se lo bajen ellos!»

Alerta de que existe un «serio problema con la calidad del empleo», y pese a elogiar el ajuste español, advierte de que «aún quedan muchas reformas pendientes» Joaquín Almunia Vicepresidente de la Comisión Europea y comisario de Competencia

BRUSELAS. Actualizado: Guardar
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-¿Cuántos amigos le ha costado ser comisario europeo de Competencia?

-Los amigos no se pierden por ejercer la responsabilidad. Los que se lo toman mal cuando uno adopta decisiones conforme a la ley y al sentido común es que tienen algo raro en su escala de intereses.

Quien habla es Joaquín Almunia (Bilbao, 1948), uno de los políticos españoles más conocidos en la esfera internacional y sin duda, el más influyente y temido por todos. Al menos desde 2010, cuando cedió la cartera de Asuntos Económicos a Olli Rehn para convertirse en vicepresidente de la Comisión y comisario de Competencia, a su juicio el cargo «más interesante» de todo el organigrama comunitario. En su currículo destaca la imposición de una multa histórica de 1.712 millones a seis bancos por manipular el mercado, pero también una serie de sonados encontronazos con las autoridades españolas por asuntos como el 'tax lease'. Instituciones, empresas, sindicatos... Ha sido capaz de poner a todos de acuerdo, y todos, en su contra.

-¿Cuánto de verdad hay en el mensaje optimista lanzado desde Bruselas sobre la economía de España?

-En los últimos tiempos se están lanzando muchos mensajes optimistas, aunque a veces hay que moderarlos. Pero es cierto que hay buenas razones para serlo: hemos dejado atrás la recesión; se ha estabilizado, que no reducido, la cifra de paro; el empleo se destruye a menor velocidad y estamos tocando fondo en el problema más duro y más serio; el sistema bancario afectado está reestructurándose con balances más sólidos...

-Pero el crédito sigue cayendo y sin crédito, no hay recuperación.

-Creo que este año se va a cambiar la tendencia y va a volver a fluir, que es probablemente algo que se pide con mayor angustia y con muy buenas razones al sector bancario después de haber recibido miles y miles de millones de apoyo público. Ahora, debe volver a su razón de ser, que es financiar la economía.

-Muchos dudan de que España pueda cumplir el 'sagrado' déficit del 2,8% en 2016, ajustar otros 37.000 millones a lo recortado. ¿Y usted?

-España está haciendo un esfuerzo muy importante de ajuste. Es muy difícil ajustar un presupuesto en época de crisis, cuando todavía no hay crecimiento y cuando el nivel de deuda pública sigue aumentando con la consiguiente carga de intereses en el presupuesto. Y al no haber crecimiento, más allá de unas décimas, los ingresos no fluyen de forma fácil. Pero más allá del esfuerzo que se está haciendo, hay que decir que queda mucho por hacer, que no se ha alcanzado el superávit primario y que hay una montaña de deuda privada y pública que hay que ir absorbiendo.

-¿Con quitas, como ha empezado a sugerir el FMI o la Comisión?

- Es un tema muy delicado del que no se puede hablar alegremente. Es cierto que han surgido informaciones sobre si la actual legislación concursal española ayuda o más bien crea obstáculos a empresas que tienen niveles elevados de deuda. Pero también es verdad que si se facilita el desapalancamiento de empresas privadas, una parte de ese alivio se traslada en forma de dolor de cabeza a los balances de los bancos.

-¿Vislumbra cierto 'agotamiento reformista' en el Ejecutivo español, cada vez más influenciado por las generales de 2015?

-No soy el médico de España. Lo que sí sé es que España ha hecho muchas reformas pero todavía debe hacer muchas más. Es el gran reto de cara al futuro de cualquier país. Ya no se puede ser competitivo, estar en la primera división mundial, si no se tiene una permanente tensión reformista. Y no sólo en lo económico. La crisis ha afectado seriamente a la cohesión social y ha aumentado de forma intolerable las desigualdades.

-Todos coinciden en el diagnóstico, el drama de 6 millones de parados, pero nadie acierta con el tratamiento. Como exministro de Trabajo, ¿qué es lo primero que haría?

-Primero, crecer. Hay que tocar todas las teclas que nos permitan un mayor crecimiento. Y no hacerlo en un trimestre o en un año, sino durante años y a ritmo sostenido. Luego, saber cómo queremos crecer, pensar cuál es el entorno en el que actúan o pueden actuar los inversores. Y tercero, el futuro no está basado en empleos de baja calidad, de bajos niveles de productividad, con bajas remuneraciones y con un nivel de precariedad inaceptable, legado en parte por la burbuja inmobiliaria.

Segunda reforma laboral

-¿Hay que impulsar esa segunda ronda de la reforma laboral que exige Bruselas?

-Lo que hay que hacer es discutir en serio sobre el empleo, y hacerlo requiere analizar con rigor y serenidad si el mercado de trabajo puede funcionar mejor. Hay que pensar en casi todo y discutir de casi todo sin prejuicios ni líneas rojas.

-¿Pensar por ejemplo en bajar un 10% los salarios, como pide el FMI?

- Eso, con perdón, es una estupidez. ¡Que se lo bajen ellos!

-¿Cómo se siente cuando desde España sólo escucha ataques y reproches a su actuación?

-Un comisario es europeo. Cuando se acepta ser miembro de la Comisión, uno de los requisitos que hay que cumplir ante la Corte de Justicia es prometer solemnemente que aquí no se está para recibir consignas de nuestro país de origen. No hay que renunciar a la identidad, pero aquí se está para servir el interés general europeo, para hacer respetar los tratados, y se sirve muy mal a la idea europea si sólo se mira a un país de 28.

-¿Pero el hecho de evitar que le acusen de 'favoritismo' no le lleva a ser más duro de lo habitual con asuntos como las 'vacaciones fiscales' vascas o el 'tax lease'?

-No, no. No hay que ponerse nervioso ni ante los que dicen que se está favoreciendo a un país ni ante los que dicen que por ser de ese país se actúa de forma más dura.

-En relación al 'tax lease' hay buenas palabras entre las administraciones española y comunitaria, pero sigue sin haber un acuerdo.

-Ojalá hubiésemos llegado ya a un acuerdo sobre la metodología, pero creo que no estamos tan lejos. El cálculo lo deben hacer las autoridades españolas, que son las que tienen los datos y la responsabilidad de hacerlo, de estimar cuánto tienen que devolver los inversores que participaron en un mecanismo incompatible con las reglas comunitarias.

-Ya lo han hecho, 126 millones, y ustedes dicen no. ¿Cuál es su cifra, el doble, el triple...?

-Si no sabemos cómo se calculan, sería absolutamente irresponsable decir una cifra. Para calcular caso a caso, hay que acordar una metodología consistente acorde a la decisión que la Comisión tomó en julio.