Sociedad

La reforma educativa se retrasa y solo se aplicará el próximo curso en Primaria

Las evaluaciones de ESO y Bachillerato y la supresión de Selectividad se aplazan a 2017, según propone el PP en una enmienda en el Senado

MADRID. Actualizado: Guardar
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El calendario de implantación de la Lomce se retrasa más de lo previsto hasta el punto de que la reforma educativa solo se aplicará el próximo curso en parte de Primaria. Las evaluaciones de 4º ESO y 2º Bachillerato -una de las medidas estrella de la normativa- se aplazan hasta el curso 2016-17. Ese sería también el último año en el que los estudiantes que quieran acceder a la universidad se examinarán de la Selectividad, una prueba que desaparecerá en 2018. Todos estos cambios se recogen en una de las enmiendas presentadas ayer - día que terminaba el plazo- por el PP en el Senado. En la práctica supone ampliar de dos a tres años la implantación completa de la reforma, aunque los aspectos más significativos no se introducen hasta los últimos años.

Este nuevo calendario, que ahora debe ser aprobado por el pleno del Senado, responde a las declaraciones del ministro de Educación, José Ignacio Wert, de ralentizar la aplicación de la normativa como demandaban la mayoría de las comunidades autónomas, incluidas las del PP. Y es que los gobiernos regionales se quejaban de los elevados costes a los que deberían hacer frente en tan poco tiempo para desarrollar la ley. Los problemas de financiación de la Lomce han sido durante toda la tramitación el verdadero caballo de batalla entre el Ministerio y las comunidades autónomas, que desconfiaban de las moderadas cifras de impacto recogidas en la memoria económica de la ley que tendrían que asumir.

En concreto, el nuevo calendario prevé que la Lomce entre en vigor el próximo año académico solamente en los cursos impares de Primaria. Algo lógico teniendo en cuenta que esta primera etapa educativa es la menos afectada por la reforma. Ese año los cambios también entrarán en vigor en el primer curso de la FP Básica. No será hasta el curso 2015-16 cuando la Lomce desembarque en el resto de Primaria y FP, los cursos impares de la Secundaria y 1º Bachillerato.

Una de las grandes apuestas de la reforma, las evaluaciones al final de cada etapa, no empezarán a practicarse hasta el curso 2016-17. Sin embargo, según contempla la enmienda, estas reválidas «no tendrán efectos académicos» ese año. Esto significa que no será necesario superar la prueba para obtener el título, aunque la evaluación sí tendrá validez para acceder a la universidad. Ese mismo año académico 2016-17 los cambios llegarán a 2º y 4º ESO. Este último curso es el más costoso ya que supone formar dos itinerarios, uno enfocado hacia el Bachillerato y otro hacia la FP.

Los estudiantes del curso 2017-18 serán los primeros en no realizar la Selectividad para acceder a la enseñanza superior, sino que deberán aprobar la reválida de Bachillerato y posteriormente someterse a la prueba optativa que cada universidad decida realizar.

El PP justifica la revisión del calendario para «facilitar la adaptación de centros docentes y equipos directivos a la nueva normativa». Sin embargo, también reconoce que los nuevos plazos son más «compatibles con la situación presupuestaria de las comunidades autónomas».

A pesar del retraso en parte de su aplicación, la Lomce sigue siendo la ley educativa que más rápido se implementará. Sus dos predecesoras, la LOE actual y la LOCE -que no llegó a aplicarse- marcaban un periodo de cinco años. Por su parte, la Logse tardó diez años en implantarse definitivamente. De hecho, la mayor parte de los partidos de la oposición solicitaron al Gobierno en el último debate del Senado que ampliase el plazo hasta cinco años. Una posibilidad que no veían con buenos ojos desde las filas populares, conscientes de que cuanto más se retrase la aplicación de la normativa, más sencillo será para los partidos de la oposición derogarla, como se han comprometido.

Por otro lado, entre las enmiendas presentadas por los populares no hay ninguna que recoja finalmente la obligatoriedad de ofertar como optativa la asignatura de Religión en Bachillerato. Una parte de los senadores populares se habían mostrado dispuestos a incluir una medida reclamada desde la Conferencia Episcopal en base a los acuerdos firmados entre España y la Santa Sede en materia educativa.