Mas combate el miedo a una salida de la UE con un grito de ayuda a Bruselas
El presidente catalán pide a las instituciones comunitarias que empujen para que Rajoy acepte un referendo similar al escocés
BARCELONA. Actualizado: GuardarEl presidente de la Generalitat, Artur Mas, elevó ayer su petición de ayuda a la Unión Europea. Viendo que el Gobierno central no se mueve ni un milímetro de su posición de rechazo a una consulta pactada entre La Moncloa y el Palau de la Generalitat, Mas apeló a las instituciones comunitarias para que llegado el caso le respalden en su intención de convocar a los catalanes a las urnas para votar sobre el futuro de Cataluña.
En el Gobierno autonómico tienen la esperanza puesta en que la cuestión catalana tenga cada vez más presencia en las agendas internacionales y quieren aprovechar el rebufo de la repercusión que tendrá en 2014 el referéndum escocés. El propósito de la Generalitat es jugar la carta de la «internacionalización del conflicto» una vez que estén agotadas todas las vías posibles en el ámbito español. Es en ese momento, cuando Mas pedirá amparo internacional. De momento, lanzó una aviso para navegantes sobre sus intenciones de futuro, para presionar al Gobierno, aprovechando que los embajadores de los países de la UE estaban reunidos con el ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo. «¿Pertenecer a la UE no debería ser garantía de que un pueblo que quiere votar pueda hacerlo? ¿Cómo puede ayudar Europa a que los catalanes puedan votar de manera democrática, como los escoceses o los quebequenses?», aseguró en Tortosa (Tarragona), donde CiU celebró una reunión para preparar el curso político catalán, que se inaugurará la semana que viene con el debate de política general.
El Gobierno de CiU siempre argumenta que el respeto a la democracia es uno de los principios fundacionales de la Unión Europa, por lo que la UE es vista por el Govern catalán como una posible solución al escollo de la consulta. Aunque Europa también está siendo el origen de los quebraderos de cabeza del jefe del Ejecutivo catalán en los últimos días. Y es que a Artur Mas le han dado esta semana donde más le duele: en la vocación europeísta de la que siempre ha hecho gala el nacionalismo catalán.
División
El jefe del ejecutivo autonómico ha encajado en los últimos días varios jarros de agua fría de las instituciones comunitarias, como la Comisión y el Parlamento, que han señalado que una Cataluña independiente se quedaría fuera de la UE. Por ello, se ha visto obligado a contraatacar. O a salir al paso porque este tipo de afirmaciones -de los comisarios Joaquín Almunia y Michel Barnier o de los portavoces de la Comisión y del Parlamento de Estrasburgo- podrían debilitar el bloque soberanista catalán que pretende celebrar una consulta el año que viene.
En primer lugar, Mas puede perder apoyo popular, sobre todo entre el empresariado menos soberanista que no quiere riesgos para sus negocios. Y el asunto europeo también puede abrir una brecha en CiU, ya que destacados dirigentes democristianos siempre han defendido que el proyecto soberanista no tiene sentido si al final Cataluña se viera apartada de la UE.
Mas lleva toda la semana tratando de calmar los ánimos y en Tortosa intentó convencer a los suyos de que Cataluña no saldrá mal parada porque ni a Europa ni a España les conviene excluir a un mercado y una economía tan «importante» como la de Cataluña. «Ya se ocuparán ellos de no hacerse daño», reflexionó.
De ese modo, dio por hecho que, pase lo que pase, Cataluña seguirá «dentro del mercado europeo y tendrá el euro». «No debe haber ningún temor, en la UE no están por tonterías. La libre circulación de bienes y personas es sagrada», remató. Según su tesis actual, todo lo demás son polémicas interesadas que responden exclusivamente a una campaña del miedo orquestada por el Gobierno porque cada vez ve más claro, arguyó, que habrá una consulta. Lo cierto es que aunque ahora se niega a admitir una posible salida de Cataluña de la UE en caso de secesión, el pasado año admitió que ese riesgo existe y también lo hicieron el expresidente Jordi Pujol y el líder de Unió Democrática de Catalunya, Josep Antoni Duran Lleida.