Boceto del 'Hyperloop' presentado por Elon Musk. :: AFP
Sociedad

De Cádiz a Barcelona en 60 minutos

El multimillonario Elon Musk desvela los bocetos de la iniciativa que se basa en cápsulas lanzadas por tubos de metal presurizados Bajo 'Hyperloop' se oculta un medio de transporte que viaja a 1.200 km/h

Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

El responsable del primer deportivo cien por cien eléctrico de la historia, Elon Musk, parece empeñado en ser, a los viajes, lo que Jeff Bezos fue para la venta de libros en internet cuando modeló y levantó Amazon. Este empresario sudafricano engrosa la nómina de esa generación de multimillonarios que han forjado su fortuna en paralelo a una revolución tecnológica. Ayer dejó ver las bases de un ingenio anunciado hace un año casi por error y que podría estar llamado a convertirse en el medio de transporte del futuro: 'Hyperloop'. La idea consiste en una serie de vagones supersónicos que viajarían a través de unos tubos de metal presurizados.

Los guarismos, aunque solo estén sobre el papel, sorprenden porque pulverizarían las marcas de cualquier forma de desplazarse existente. 'Hyperloop' podría llegar a alcanzar los 1.220 kilómetros por hora, una velocidad de crucero a tan solo catorce kilómetros por detrás de la barrera del sonido. Una cifra que supondría el doble de la que alcanzan los aviones comerciales y multiplicaría por cuatro las posibilidades del AVE. Las cápsulas, con capacidad para 28 personas, podrían ir de una punta a otra de la Península en apenas una hora. Y todo a un coste irrisorio, si se compara con el pasaje de cualquier aerolínea, billete de tren o el precio de la gasolina: 17 euros por trayecto. El inconveniente que presenta es el reducido espacio del que se dispondría en el interior, que solo permitiría llevar dos maletas con un total de 50 kilos.

Lo de lanzar a los pasajeros a través de un tubo a velocidades de vértigo no es nuevo. Lo complicado es que al requerir una atmósfera controlada para mejorar la aerodinámica, bastaría un agujero mínimo en la cubierta como para que éste dejase de funcionar. Un asunto que el sudafricano ataja con unas piezas que recuerdan a las que utilizan las mesas de hockey de aire y que forman un cojín debajo de cada compartimento. Todo ello alimentado por energías limpias gracias a una serie de paneles solares instalados a lo largo de la estructura. El proyecto pide un esfuerzo imaginativo a los más escépticos, que pueden percibirlo como algo con más posibilidades de aparecer en el libreto de una película de ciencia ficción que en la realidad. Su creador, en cambio, asegura que las tecnologías existentes permiten el desarrollo de este transporte a caballo entre el tren de alta velocidad y el extinto Concorde. Además, en los 57 folios hechos públicos en la presentación, se explica que, aunque podría estar soterrada para evitar algunas zonas urbanas, la estructura reposaría a unos metros del suelo sobre una serie de pilares similares a las que sujetan las vías de las montañas rusas. Los bocetos de la iniciativa, en un estado embrionario, se han centrado en un caso concreto: el trayecto entre Los Ángeles y San Francisco. Poco más de 600 kilómetros que actualmente pueden suponer un martirio de diez horas en tren y que se quedarían en 35 minutos. La inversión necesaria para este tramo, según el empresario, sería de 6.000 millones.

Mucho menor al proyecto iniciado por la Administración Obama para instalar la alta velocidad en California, un propósito para el que el presidente de EE UU envió a varios emisarios a conocer el sistema español en su primera legislatura. Sin embargo, el propio Musk reconoció que en desplazamientos de más de 1.500 kilómetros todo se encarecería hasta límites estratosféricos, convirtiéndolo en un derroche mayúsculo.

El 'tecnogurú', que saltó a la fama como cofundador de Paypal y la posterior venta del medio de pago a Ebay, asegura que si, fuese su objetivo prioritario, en uno o dos años podría tener listo un prototipo. Asegura que tanto Tesla Motors, su empresa de coches eléctricos; como SpaceX, una compañía encargada de la fabricación de lanzaderas espaciales; le impiden ponerse al frente de esta iniciativa, que pone a disposición de autoridades e ingenieros de todo el mundo para que lo investiguen y desarrollen bajo un modelo colaborativo que se asemeja al 'código abierto'.