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Mursi recibe buenas noticias del Sinaí

La mediación beduina pone fin al secuestro por yihadistas de seis policías y un soldado y ahorra al presidente egipcio una operación militar

EL CAIRO. Actualizado: Guardar
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Después de una semana de secuestro, los seis policías y el soldado egipcio capturados por milicias islamistas en el Sinaí fueron liberados ayer gracias a la mediación de líderes tribales beduinos y sin que finalmente fuera necesaria la intervención del Ejército. La amenaza de una inminente operación militar parece haber sido, sin embargo, definitiva para acabar con su cautiverio, y ha zanjado una crisis que estaba sacando los colores tanto a la presidencia como a las fuerzas armadas. El paso de Rafah, que une el Sinaí con Gaza, fue reabierto tras la liberación.

Las autoridades militares aseguraron que conocen la identidad de los secuestradores, que la prensa ha identificado como milicianos islamistas, y señalaron que la liberación de los rehenes forma parte de una operación que se viene desarrollando desde agosto del año pasado, cuando 16 soldados murieron en el ataque yihadista a un puesto de control militar. «Liberar a los soldados es solo un paso más de esta operación», aseguró el portavoz de Ejército, el coronel Ahmed Ali.

El Sinaí, especialmente el norte de la península, se ha convertido en un territorio cada vez más descontrolado, en el que las milicias islamistas, algunas apoyadas por grupos que cruzan desde Gaza, así como contrabandistas y delincuentes se mueven con la suficiente libertad como para llevar a cabo secuestros y asaltos a comisarías o puestos militares. Los acuerdos de paz con Israel impiden a Egipto aumentar indiscriminadamente el número de fuerzas de seguridad en el territorio, lo que complica su vigilancia.

Capital político

Mursi no quiso desperdiciar el capital político que le brinda esta liberación y recibió con un beso en cada mejilla a los uniformados, primero en el aeropuerto militar de Almaza, en las afueras de El Cairo, y luego en el palacio presidencial. El mandatario ha querido mostrarse duro y ha defendido en todo momento que no pensaba ceder al «chantaje» de los secuestradores, aunque parece que en la liberación ha sido determinante la mediación de jefes beduinos y agencias de seguridad. Por ahora se desconoce si habrá contrapartidas.

Los siete agentes, de apenas 20 años, habían aparecido en un vídeo que circuló por internet en el que imploraban al presidente que negociara con los secuestradores. Poco después de conocerse las imágenes, el Ejército envió el lunes tanques y helicópteros al norte del Sinaí para reforzar la seguridad, y todo parecía indicar que se encontraban a punto de atacar a las milicias islamistas, que exigían la liberación de 24 miembros de estos grupos a cambio de los agentes. Los rehenes fueron liberados por sus captores en el desierto a unos 70 kilómetros al sur de la ciudad de El Arish.

La presión de la fuerza tampoco era sencilla. Mursi sabe que con una acción militar contundente podía haberse granjeado la furia de los sectores más radicales del islamismo y de parte de la población del Sinaí, que se siente abandonada por la capital y donde se respira gran resentimiento contra las fuerzas de seguridad por las redadas llevadas a cabo en el pasado cada vez que se producía un atentado terrorista.