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«Mi familia nos llenaba cada día seis garrafas para poder tener agua en casa»
Domingo García es otro de los afectados de la promoción de viviendas que un exasesor de Esisa llevó a cabo en la calle San Pedro Apóstol
SAN FERNANDO. Actualizado: GuardarLlevaban tres años buscando piso, hasta que encontraron lo que creían que era su oportunidad. No tardaron mucho en darse cuenta de que en realidad se habían metido en una supuesta estafa, ya que no cumplía nada de lo que habían acordado. Los vicios constructivos aún pesa en el domicilio y a pesar de que han intentado darle con todo tipo de productos, las manchas de humedad se reproducen por toda la casa y se extiende a los muebles de las diferentes habitaciones.
Domingo García y Rocío Guevara son los otros afectados por la promoción de viviendas que levantó un exasesor de la Empresa Municipal de Suelo (Esisa) en la calle San Pedro Apóstol. Ahora mantienen una pelea legal con este promotor, Sergio Navarro, al que acusan de haber incumplido las condiciones del contrato, de no seguir los planos del proyecto y de haber perdido cantidades de dinero sin justificar.
En principio se iba a tratar de un edificio de cuatro pisos, pero problemas con el Ayuntamiento hizo que sólo fueran dos. Domingo y Rocío decidieron hacerse con uno. Una vez dado el visto bueno a planos y materiales, así como acordado los plazos, decidieron poner fecha para casarse y entonces surgieron los problemas. Debían tener las llaves en diciembre de 2011, pero no la cogieron hasta mayo de 2012, pocos días antes de convertirse en marido y mujer.
Además, no tenían ni luz ni agua, por lo que tuvieron que convivir durante más de un mes con un camping gas y pidiendo botellas de agua. «Nos casamos y nos metimos a vivir. No había ni luz ni agua, porque al parecer no se habían hecho las acometidas y había impagos. Cada día íbamos a casa de nuestros padres y nos dejaban cinco o seis garrafas de agua. Además teníamos un camping gas con el que cocinábamos», explica Domingo.
Los inquilinos se dieron cuenta pronto de que la cosa no marchaba bien, pero ya habían entregado mucho dinero como para dar marcha atrás en la decisión. «Al parecer el Ayuntamiento puso pega porque la puerta del portón no se adaptaba a las necesidades de personas en silla de ruedas. Era un portón muy pequeño. Para solucionar el problema lo que hizo fue quitarnos metros del salón y abrir una puerta más grande».
Todo ello cuando ya habían dado miles de euros de señal, que misteriosamente se perdieron y nadie sabe dónde está el dinero. Incluso en materiales. «Le dijimos que no nos gustaba el suelo, que lo cambiara, que no fue lo que hablamos y lo que hizo fue sumarnos el suelo que no nos gustaba con el precio del que queríamos. Fue culpa suya no nuestra, él no siguió lo que hablamos, pero lo cargaba a nuestra cuenta».
Todavía no llevan viviendo ni un año en el domicilio y aún siguen acusando los problemas de la construcción. La humedad se expande por las paredes y resulta imposible eliminarla, además de que hay pedazos que se caen. «Hay ocasiones en las que no quiero ni entrar y me voy, porque me supera. Es difícil de explicar, pero se han comido mi ilusión», lamenta Rocío.