CARTAS A LA DIRECTORA

La demoarquía

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Ahora es el momento, llegó la hora, el caldo de cultivo es el idóneo: crisis económica, niveles de paro históricos, corrupción política, indignación popular y un gobierno que no para de parchear, de dar pasos de adelante hacia atrás. Decía Thoreau en su genial obra 'El deber de la desobediencia civil' -la cual recomiendo a todos en estos momentos que vivimos- que el mejor gobierno es el que gobierna menos y que el mejor político es el que más se equivoca, todo lo contrario de lo que vemos en nuestros actuales gobernantes a cualquier nivel, ya sea municipal, provincial, autonómico o estatal. No paran de gobernar, nos asfixian con tantas leyes, normas y decretos; no paran de gobernar, lo hacen hasta la extenuación, ni siquiera duermen tranquilos y envejecen rápidamente; y por otro lado nunca se equivocan, quizás sea porque jamás cumplen lo que prometen o porque nunca ejecutan las normas que dictan. Los partidos hablan de modificar la ley electoral, introducir listas abiertas, separación real de poderes, transparencia en la financiación de los partidos; pero las grandes marcas políticas prometen que lo harán, después de las elecciones y los pequeños juran que lo harán, pero cuando se hacen con algún poder, tampoco lo cumplen. No les interesa y todos mienten, todos. La democracia debería ser la elección de políticas, no de líderes, que después gobiernan a espaldas de los votantes; ya sabéis, no paran de gobernar y nunca se equivocan. La democracia debería ser autogobierno real y permanente de los ciudadanos; y esto no ocurre si no cambiamos las reglas del juego. Aparece un nuevo concepto, la demoarquia que defiende el derecho de los ciudadanos para deliberar y decidir sobre los asuntos públicos de forma directa; pero tiene un gran opositor, el representante político. Esto no será viable si no cambiamos las normas actuales y experimentamos con la participación popular, descentralizando el poder, creando procedimientos transparentes, claros y participativos para la gestión responsable de los recursos públicos y dando más protagonismo y participación real a las minorías en las políticas sociales. Son solo unos apuntes, pero no ha hecho más que empezar, porque ahora es el momento, llegó la hora. Bendita crisis que nos abre los ojos; y no olviden huyan de los políticos que no paran de gobernar y que nunca se equivocan.