
FLAMENCO ARTESANO
CRÍTICA FLAMENCA Actualizado: GuardarNoche de artífices la del pasado jueves en el Baluarte de la Candelaria. Velada de caballeros en la segunda cita del festival del cante jondo. Cuatro nombres masculinos que deleitaron al público del Baluarte entre acordes añejos con sabor a manzanilla y nuevos timbres que engrandecen el arte. El espectáculo '¡Raíces!' estuvo marcado por el homenaje. Ambiente curtido en la cuna del flamenco local. El primero en arañar la guitarra fue el cantaor gaditano Ángel Pastor con el toque del Niño de la Leo. Tientos para romper el silencio. Cantaor de timbre fino, con melodía. Arranque sentimental que enamora. Alarde de melodía en las cuerdas. Un recital marcado por el dominio de los palos líricos y por el llanto en la garganta. El compás lo borda en las bulerías. Baja Pastor y sube la revelación de la noche, la voz de Rubito de Parada (hijo) con el toque maestro de Antonio Carrión. Un cantaor con agonía en la respiración y garganta portentosa. El sevillano no fuerza, no le hace falta. Baila el viento de levante con su compás y gracia. Y entonces, el aroma a mar, a piconera, a redecilla, a canastilla embelesa la noche. Llegan los tanguillos y lanza su conjuro. El sevillano se atreve y se corona. El público presenta su respeto con el aplauso en pie. Excepcional. El mago de la noche, el hechicero. Culmina sin micro. En pie, con los brazos abiertos en cruz y llamando al cielo.
Antes de que la noche descanse, llega la danza del bailaor David Nieto. El bailaor ofrece una danza elegante con garbo que deja entrever su formación de escuela. Juego de manos que borda los volantes en el aire. El tacón excelente en las llamadas y en el caminito. Destaca el trazo de las líneas y la rotura de cadera. No obstante, el cuadro adquirió demasiado protagonismo frente a la danza. En definitiva, una primera parte donde las 'raíces' de los nuevos talentos se agarran con fuerza a la tierra y presagian la llegada de flores nuevas a los palos del flamenco.
Tras el descanso, toca el turno de de la raza, de la majestad y del señorío. La pasión y el saber estar de Scapachini recala en el escenario junto al toque de Adriano Lozano. El cantaor ofrece un recital con susurro a la nostalgia. Voz curtida que acaricia la cuerda y suena a cante puro sin adornos. El cantaor traza el drama con pellizco y llega al llanto con maestría. Scapachini termina su viaje lírico en su tierra con Chano Lobato. El encargado de poner fin a esta segunda sesión de los 'Jueves Flamencos' fue el artista Morenito de Illora. Al primer toque presume levante. Cante con raza ideal para el danza por su registro sentimental. Morenito de Illora hizo alarde de una voz mestiza que traza tirabuzones azabaches y corales. Cante solemne con timbre cortés. En las bulerías saca el genio y la raza y luce soberbio el jaleo.