Sociedad

Una enlace con mucha música

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La boda de Alberto de Mónaco y Charlene daría para editar un buen disco recopilatorio: la pareja ha regalado a sus súbditos un par de buenas noches de concierto, a la vez que está cuidando con exquisito mimo -y con generoso presupuesto- la música que acompaña las ceremonias. El programa sonoro de este casamiento en varias fases arrancó el jueves por la noche con la actuación de la mítica banda estadounidense The Eagles, que dedicó a los novios su balada 'Love Will Keep Us Alive', 'El amor nos mantendrá vivos'. Anoche llegó el turno del músico electrónico francés Jean Michel Jarre, un mago de los espectáculos a gran escala que ya ha desplegado su fantasía tecnológica en lugares como las pirámides de Egipto, la Torre Eiffel o el Sahara. Para el Puerto de Hércules monegasco, preparó un show especial, deslumbrante y, cómo no, aparatoso: el montaje de las 400 toneladas de material llevó dieciséis días, y aún se tardará otros ocho en desmantelarlo todo.

La ceremonia civil de ayer se concentró en música quizá más modesta, pero de hondo significado: la banda de la Guardia de Palacio interpretó el 'Himno de la Princesa Charlene', pieza compuesta especialmente para la ocasión. Entre los instrumentos destacaban cuatro trompetas de plata, fabricadas con una estructura más larga de lo habitual para colgar los estandartes del enlace. También hubo una canción en monegasco con el grupo U Cantin d'A Roca. Y la ceremonia religiosa de esta tarde promete satisfacer a los melómanos más exigentes con unas cuantas voces de primer nivel: la soprano estadounidense Renée Fleming cantará una pieza de Mozart y el tenor peruano Juan Diego Flórez interpretará un fragmento del 'Mesías' de Haendel, mientras que el 'Ave Maria' de Schubert correrá a cargo de Andrea Bocelli. Intervendrá también la soprano Pumeza Matshikiza, sudafricana como la novia, con melodías tradicionales de su país, y el cuerpo musical de la ceremonia será la 'Misa de la coronación' de Mozart, con la Filarmónica y el Coro de la Ópera de Montecarlo. Nadie podrá negar que el matrimonio comienza bien afinado.