
EE UU agudiza sus ataques en Yemen
El Pentágono aprovecha el vacío de poder para aumentar sus combates aéreos contra Al-Qaida, fortalecida por la huida del Ejército de Saná
NUEVA YORK. Actualizado: GuardarLa Administración Obama está aprovechando el vacío de poder dejado por el presidente yemení Alí Abdalá Saleh tras el atentando que lo forzó a desplazarse a Arabia Saudí para intensificar su guerra encubierta desde el aire contra militantes de Al-Qaida. La maniobra, desvelada ayer por 'The New York Times', se interpreta como una respuesta a la huida de las tropas del Gobierno de Saná que mantenían a raya a supuestos grupos terroristas en el sur del país.
Con una estrategia aún más agresiva que la desarrollada en Pakistán, cazas del Ejército norteamericano y aviones no tripulados han lanzado una serie de ataques para descabezar un movimiento al que la mayoría de analistas atribuye una creciente influencia en el futuro político de Yemen. Para Washington, muy cauto desde un principio a la hora de dar su apoyo a las reivindicaciones de los opositores a Saleh, se trata del peor escenario posible y ha ordenado la ofensiva como una de las pocas opciones que le quedan para evitar que los yihadistas consoliden su poder.
La campaña está liderada por el Mando Especial de Operaciones Conjuntas del Pentágono y coordinada con la CIA. Una prueba de que el Pentágono dispone todavía de una situación privilegiada en la zona es que el operativo se dirige desde un puesto de control en Saná que recibe la información sobre los objetivos. La CIA considera que el brazo de Al-Qaida en la Península Arábiga representa el mayor riesgo inmediato para EE UU, más aún que las acciones que puedan tomar los líderes de la organización terrorista, escondidos supuestamente en territorio paquistaní.
Ofensivas anteriores
El pasado viernes, cazabombarderos estadounidenses mataron al espía de la red terrorista Abú Alí al-Harithi y a otros sospechosos de formar parte de la organización, en un ataque en el sur de Yemen que acabó también con la vida de cuatro civiles. Semanas antes, aviones no tripulados lanzaron un ataque fallido contra el radical Anwar al-Aulaqi, uno de los hombres más buscados por Washington y al que trata de matar desde hace más de un año.
Los bombardeos supondrían el fin de una tregua de casi un año de EE UU en el país árabe. Su paralización se logró tras numerosas denuncias de que varias misiones habían errado en sus objetivos y provocado muertes de civiles, un hecho cada vez más habitual. Según un alto funcionario del Pentágono citado por 'The New York Times', la persecución de objetivos de Al-Qaida se ha complicado por el hecho de que sus militantes han logrado mezclarse con los rebeldes.