Cientos de personas salen ayer a la calle para pedir la marcha del El-Asad. :: AFP
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El-Asad responde con una matanza a la amenaza de Obama

Las tropas del régimen sirio vuelven a abrir fuego para reprimir unas protestas en las que perdieron la vida al menos 32 personas

JERUSALÉN. Actualizado: Guardar
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La declaración de Barack Obama advirtiendo el jueves de que Bashar el-Asad «puede elegir la transición» o «quitarse de en medio» fue respondida ayer por el régimen sirio con el desprecio a lo que tacharon como una «interferencia» en sus asuntos y con una nueva matanza. De acuerdo con los comités locales de coordinación -dedicados a recopilar datos en las manifestaciones en todo el país- al menos 32 personas fallecieron víctimas de una nueva jornada de represión, aunque otras fuentes como la cadena árabe Al-Yasira situaron la cifra en 23 citando testimonios de activistas. Ningún dato es verificable, en tanto Siria sigue prohibiendo la presencia de prensa extranjera.

En principio, la violencia se habría registrado principalmente en ciudades del centro y el norte del país, y en especial en la castigada localidad de Homs, donde testigos relataron cómo la Policía tiroteó una concentración de 2.000 personas causando nueve muertos, entre ellos un niño de 10 años. Otros nueve se han denunciado en Maaret al-Numan y Kaf Nabal, suburbios de Hama, cuatro en Berze, perteneciente a Damasco, y uno en Sanamein, cerca de Deraa, epicentro de las protestas. Según el cómputo de diversos colectivos humanitarios, el número de muertos en Siria en los últimos dos meses supera ya los 850.

Las palabras del presidente norteamericano, pronunciadas el jueves en un discurso dirigido a Oriente Próximo y las sociedades africanas inmersas en revueltas populares, constituían la amenaza directa más importante contra El-Asad desde el inicio de la crisis. En ellas Obama también instaba al mandatario sirio a «dejar de disparar a los manifestantes y permitir las protestas pacíficas» bajo la advertencia de que, de lo contrario, su régimen va a seguir «siendo desafiado desde dentro y aislado desde fuera». Pero no causó ningún efecto.

Detención de cristianos

El mandatario árabe, heredero del poder que su padre ejerció durante 30 años, contestó en las calles con un nuevo baño de sangre contra su pueblo y, en su agencia de noticias oficial, con otra ficción informativa que negaba todos los disturbios. «Tras la oración del viernes -difundía ayer el órgano de propaganda estatal Sana-, algunas regiones han registrado concentraciones de decenas o centenares de personas que han gritado eslóganes a favor de la libertad antes de dispersarse de forma tranquila».

La versión filtrada al exterior a pesar de los cortes en las señales de telefonía móvil y de Internet aseguraba todo lo contrario, y en canales como Facebook y las agencias internacionales eran reiterados los mensajes que hablaban otra vez del uso de tanques y gases lacrimógenos contra manifestantes, de disparos con ametralladoras pesadas y de decenas de heridos. A estas modalidades de violencia hubo que sumar el viernes el arresto de una docena de miembros de la cristiana Asociación Democrática Asiria en la localidad de Qamishli, última comunidad que se ha sumado a la revuelta que protagonizan musulmanes y kurdos. Según el activista Khodr Abdel Karim, la participación ayer de «cientos de cristianos en las protestas constituye la mejor respuesta a la falsa teoría del régimen de que Siria está siendo sacudida por salafistas e islamistas que solo pretenden desestabilizar el país».