Editorial

Trichet mantiene el tipo

La decisión del BCE intenta favorecer la recuperación de los Estados en recesión

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El presidente del BCE, Trichet, descartó ayer en Helsinki, después de una reunión ordinaria del Consejo de Gobierno de su institución, una subida inminente de los tipos de interés, si bien -la contrapartida era obligada- añadió acto seguido que seguirá vigilando estrechamente la evolución de la inflación, claramente impulsada por los aumentos constantes del precio del petróleo. «Las expectativas de inflación en la zona euro deben permanecer firmemente ancladas a nuestro objetivo de mantener el nivel inflacionario por debajo del 2% a medio plazo», recalcó. Como es conocido, por imperativo fundacional, la principal misión del Banco Central es velar por la estabilidad de los precios, y no en cambio por las condiciones del crecimiento económico. Hasta cierto punto, la postura de Trichet es constructiva, ya que, en realidad, la inflación en la eurozona, actualmente del 2,8%, lleva cinco meses por encima del objetivo marcado, lo que ya ha provocado presiones de Alemania (y de otros países centroeuropeos), que está creciendo por encima del 3%, encaminadas a elevar el precio del dinero para evitar un sobrecalentamiento de su economía. Trichet no ha reconocido, por supuesto, que su resistencia a subir los tipos pretende favorecer a los estados más endeudados fiscalmente, pero sí ha destacado la importancia de que estos países de la eurozona «realicen reformas estructurales urgentes» para aumentar su competitividad y, por ende, su capacidad de crecimiento, esta indispensable para que puedan recuperar los equilibrios perdidos y, en el caso de los que han debido aceptar un rescate, cumplir las duras exigencias que les han sido impuestas. A este respecto, ha lanzado un mensaje de optimismo referido a Grecia y encaminado a descartar una restructuración de la deuda de ese país: «tenemos un plan, y esta posibilidad no es parte del plan». Todo indica, en fin, que el BCE no actuará con criterios fundamentalistas en esta fase compleja de salida de la crisis económica en que los países más dañados por la recesión, España entre ellos, están haciendo importantes sacrificios que aún serían más dolorosos si la política monetaria no les prestase cierto acompañamiento.