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Médico de familia, el eterno 'plan B'
La falta de reconocimiento y la precariedad son los motivos de que cada año queden libres plazas de MIR en atención primaria Los licenciados le dan esquinazo a la especialidad, a pesar de la escasez en la provincia
JEREZ. Actualizado: GuardarLos que se han pasado seis años pegados al libro de anatomía dicen que la elección de la plaza es el momento más duro de sus vidas. El procedimiento es el siguiente: Una vez en el edificio, los funcionarios van llamando por grupos de diez o quince opositores, que suben a la tarima. Desde allí una voz metálica nombra, uno por uno, aspirante y puesto y deja apenas unos segundos para decidir el destino. «Cuando uno coge Medicina de Familia, todos los demás respiramos tranquilos, otro más que deja libre un puesto en hospitalaria». Cuenta su experiencia Ana María Terrinez, que lleva ya tres años como residente. Iba para pediatra, pero le falló la nota y al final se decidió también por la atención primaria.
A pesar de la enorme demanda, los licenciados en Medicina evitan la especialidad. Los motivos los atribuyen a la precariedad laboral y a la falta de prestigio. La consideran una opción menor, que no da posibilidad a la investigación. Tampoco se rodea de todos los medios tecnológicos del hospital ni del reconocimiento que ello conlleva. Esa falta de interés se traduce en plazas desiertas cada año, que se empiezan a cubrir con profesionales extranjeros.
Sin sustitutos en vacaciones
En la última convocatoria de MIR, 35 de los 161 residentes cursarán su especialidad en los centros de salud de la provincia. Prácticamente los mismos que el curso anterior. Como en otras ocasiones, se han ofertado muchas menos de las que se han acreditado (unas 54), según la orden publicada en el BOE del 22 de septiembre de 2009. La delegación provincial de la Junta les daba la bienvenida con gusto el pasado 24 de mayo.
La mejor prueba de la falta de médicos de familia es la dificultad para encontrar sustitutos durante las vacaciones. El SAS tiene verdaderos problemas y se recurre a la acumulación de cupos para sacar el trabajo adelante. Los sindicatos culpan de ello al propio sistema, anclado en contratos de muy corta duración y sin apenas compensaciones por desplazamiento u horas extras. La escasez deja la puerta abierta a los facultativos extranjeros. Comunitarios o no, encuentran un hueco para su formación, que luego aplicarán en sus países de origen, porque muy pocos se quedan.
La propia decana de la Facultad de Medicina, Felicidad Rodríguez, denunció el pasado marzo esas desigualdades entre los alumnos nacionales y los de fuera. «No compiten con las mismas condiciones, porque a los nuestros les exigen unos requisitos muy altos», decía entonces. La responsable del centro reconoce que la especialidad se ha convertido en un 'plan B' para la mayoría de los alumnos. Asegura que estos profesionales realizan una labor fundamental, pero «realmente hay una tendencia de los primeros puestos a escoger otras opciones». En este caso, las que gozan de mayor demanda son todas las relacionadas con Medicina Interna, Pediatría y Ginecología. También cuenta con bastante éxito la Cirugía. Todas marcadas por una elevada nota que tira por tierra las aspiraciones de muchos licenciados.
El presidente del Colegio Médico de Cádiz, Miguel Morgado, lo tiene claro: «no es una falta de vocación, sino un maltrato a estos profesionales por parte del sistema de salud público». Así de tajante se muestra a la hora de valorar el poco interés que despierta la especialidad. «Los profesionales están en primera línea de batalla y tienen por delante cuatro años de trabajo. Es duro hacerlo en esas condiciones». Asegura que cada año quedan vacantes para trabajar en la atención primaria.
A todo ello se une el gran desconocimiento de la medicina comunitaria. «Hasta ahora no existía ninguna materia específica en las facultades ni se trataba como una especialidad aparte, pero eso está cambiando», responde satisfecho el presidente del Colegio. Ellos también ponen su grano de arena y amplían la formación para estos profesionales.
Y realmente esta escasez resulta más preocupante si cabe cuando el 60% de los facultativos trabajan en la atención primaria. Manuel Ortega Marlaska, vicedirector de la Cátedra de Medicina Familiar y Comunitaria, insiste en el desconocimiento. «Muchos no saben cuáles son las competencias ni la cartera de servicios», asegura. Por eso mismo, insiste en la necesidad e meter la especialidad en las universidades.