SOMOS DOSCIENTOS MIL

BODAS CIVILES

Casarse en el Juzgado de Jerez es la forma más cutre de iniciar una relación matrimonial

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Como todos ustedes conocen de sobra, hay dos modos de contraer matrimonio: el canónico o por la Iglesia, de toda la vida de Dios, y el civil, con menor andadura por aquello de que se puso de moda a raíz del afortunado retorno a las sendas democráticas que experimentó España gracias a la Constitución de 1978.

Seguro que, a estas alturas, el listillo de turno estará llamando a la redacción de este periódico para denunciar que estas líneas menosprecian otras formas, como la boda por el rito judío, por el rito mormónico o por el de la iglesia de la cienciología. Comprendan que me da igual. Son minorías y creo haber dejado muy claro lo que opino sobre las mismas.

Pero sigamos. También todos ustedes saben que las bodas religiosas se celebran en cualquiera de las magníficas iglesias con las que cuenta Jerez, desde la recién aperturada San Dionisio, pasando por Santo Domingo, San Marcos, San Miguel o la propia Catedral.

Y, mientras que las bodas religiosas cuentan con magníficos escenarios, ello ocurre parcialmente con las bodas civiles, las cuales se celebran bien en el salón del Ayuntamiento de Jerez, que cumple tal misión con una gran dignidad, bien en la sala de vistas del Juzgado de Primera Instancia número 4, a la sazón encargado del Registro Civil y, por añadidura, de las bodas que ostentan tal carácter.

Pues bien, tras este prólogo, entenderán que el tema sobre el que me quiero centrar es, precisamente, el de las bodas civiles que se celebran en el edificio judicial de la Avenida Tomás García Figueras y ello, a raíz de que este pasado viernes se celebraron varios matrimonios en dichas instalaciones.

No será este columnista quien critique a las parejas que acuden a casarse al Juzgado como si de a la Iglesia se tratara. No seré yo quien tache de nada a las novias vestidas de blanco con velo y traje de cola, a los novios que visten de frac para casarse por el Juzgado o a las familias que a la una de la tarde, pasean por las inmediaciones del Juzgado -son los invitados-, vestidas como si se tratara de acudir a la cena de gala que celebra Su Majestad el Rey cuando cualquier otro Jefe de Estado acude en visita oficial.

Ni siquiera pienso criticar los vehículos estacionados en los aledaños del Juzgado, ataviados con flores blancas en las manetas de las puertas y, menos aún, el hecho de que la pareja que acaba de contraer matrimonio civil sea recibida a las puertas del Juzgado con una lluvia de arroz y pétalos de rosas, inmersos en un escenario donde, como telón de fondo, están los vehículos de la Policía o de la Guardia Civil, los detenidos esposados, así como todo lo que se mueve alrededor del mundo judicial.

Por no criticar, ni siquiera pondré en entredicho que la Guardia Civil que custodia las instalaciones judiciales -cumpliendo órdenes- obligue a los novios, invitados, fotógrafos y demás, incluida la típica abuelita que siempre hay en las bodas, a pasar varias veces bajo el arco de seguridad, recién instalado, porque cada vez que pasan el jodido arco sigue pitando. Más que a una boda, parece que intentaran acceder a los Estados Unidos por cualquiera de sus aeropuertos.

Y fíjense si soy leal con la causa que, a base de morderme la lengua, tampoco voy a decir nada sobre la manía de gritar «vivan los novios» a las puertas del mismo Juzgado cuando, por poner algún paralelismo, cualquier Juez acaba de ordenar el ingreso en prisión de un presunto delincuente al que, maldita gracia le hacen tales gritos de alegría.

Así que, dado el espíritu bondadoso con el que hoy redacto estas líneas, me van a seguir permitiendo que no critique nada de lo mucho criticable que tienen estas celebraciones, incluidas las deplorables instalaciones del propio Juzgado. Mas, se ponga como se ponga la abuelita de la novia, por mucho que insista en lo guapa que va su nieta, casarse en el Juzgado de Jerez, hoy por hoy, es la forma más cutre de iniciar una relación matrimonial. Si no me creen, cualquier viernes sobre la una les espero en el Juzgado.