Tensión social en Seseña Reactivación del automóvil
La realidad del municipio desvela un asfixiante clima de presión urbana
Actualizado: GuardarEl crimen de Seseña que se ha llevado la vida adolescente de Cristina Martín presuntamente a manos de otra chica de la misma edad ha sumido a la localidad toledana en estado de shock. La muerte violenta de la menor ha sacudido a un pueblo aparentemente apacible incorporándolo a la lista cada vez más nutrida de dramas protagonizados por menores como víctimas o como agresores. Pero a la luz de las informaciones que van aflorando sobre la realidad social del municipio, como las que hoy refleja este periódico, la desgraciada reyerta que acabó con la muerte de Cristina Martín no puede considerarse un hecho aislado sino la consecuencia extrema de un asfixiante y latente clima de conflictividad urbana. Las iniciales declaraciones del alcalde Manuel Fuentes durante la búsqueda de la niña desaparecida indicando el peligro de alarma social en Seseña adquieren todo su sentido cuando se desvela la realidad diaria de la ciudad dormitorio que en diez años ha quintuplicado su población. O cuando emerge de sus urbanizaciones un fenómeno de bandas de jóvenes en permanente conflicto y brotan signos de tensión racial y graves episodios de acoso escolar en un municipio donde conviven conciudadanos de hasta 33 nacionalidades distintas. El reconocimiento por los propios vecinos de numerosos casos de indolencia familiar en la educación y el control de los adolescentes también puede actuar como caldo de cultivo para fomentar actitudes de competencia violenta entre grupos con la calle como único territorio de coexistencia. El alcalde, con buen sentido, acaba de apelar a la madurez de sus conciudadanos para evitar «una caza de brujas» en Seseña. Pero esa cohesión social que ahora ve en peligro ya estaba erosionada con anterioridad sin que consten actuaciones dirigidas a rehabilitarla. Y en este terreno se reabre el debate sobre la suficiencia o no de los mecanismos judiciales para la sanción y reinserción de los menores, en el que difícilmente se podrán tomar decisiones acertadas si se afronta como siempre en momentos de enorme impacto social. Se echa en falta la asunción de que la violencia escolar y juvenil es un problema de tal calado que requiere una reflexión seria y pausada y la adopción de medidas integrales y eficaces que permitan mirar al futuro sin la sensación de que el problema se ha ido de las manos.
Las ventas de automóviles registraron en marzo el mayor avance de su historia gracias a una conjunción favorable de factores. Las sociedades de alquiler, que apenas adquirieron vehículos en 2009 por las malas expectativas, han incrementado sus compras un 113% en marzo; además, los compradores particulares están anticipando sus decisiones por el fin del Plan E. La anunciada subida del IVA que introducirá un incremento medio de 450 euros por automóvil, también ha impulsado las compras. Por tanto, establecer una relación directa con el crecimiento del consumo podría ofrecer una impresión engañosa sobre el futuro del sector. Los propios fabricantes han advertido que la subida de marzo es un auténtico espejismo y que es preciso que el Gobierno mantenga todos los estímulos fiscales posibles. De cualquier modo, la venta de automóviles es un indicador del consumo y no sería realista dejar de ver en estos datos un incremento de la confianza, que, si se desarrollan políticas adecuadas, podría ir convirtiendo el ahorro en consumo indispensable para la reactivación.