La corrupción y Rajoy
Rajoy no puede seguir en silencio, esperando a que escampe o echando la culpa a jueces y mensajeros
Actualizado: GuardarLa investigación judicial sobre la corrupción del PP y la presunta financiación ilegal de este partido amenazan con desautorizar a Mariano Rajoy como alternativa de Gobierno.
En este asunto hemos pasado, en sólo unos meses, de las sospechas a las certezas, de los datos aislados a los síntomas, mientras la dirección del PP se escudaba buscando atajos en las críticas a los jueces o en la denuncia de los medios que difundían, un día sí y otro también, nuevas informaciones que acreditaban la corrupción del PP.
Después de la publicación de buena parte del sumario de la trama Gürtel, conocidos los detalles del escándalo de la corrupción de Jaume Matas en Baleares y tras las informaciones que establecen que Carlos Fabra, aún presidente de la Diputación de Castellón, ingresó más de cinco millones de euros sin justificar en seis años, Rajoy no puede seguir escondido en el silencio, esperando a que escampe o echando la culpa a jueces y mensajeros.
Máxime cuando entre los acusados está nada menos que el responsable de finanzas del PP, Luis Bárcenas. Bárcenas, que pagó a Jaume Matas un sueldo del PP de más de 5.000 euros al mes durante un año, no ha podido justificar el origen de más de 300.000 euros y a pesar de ello cuenta con el respaldo de Mariano Rajoy, que le mantiene de senador, no le ha apartado del cargo en el Senado y le paga el abogado. Nada de esto sería posible si el PP se hubiera aplicado a sí mismo su propio código ético.
Parece que Rajoy confía en que los escándalos de corrupción de su partido no traerán coste electoral y que sí le dará beneficios el desgaste del Gobierno. Sobre ambas certezas espera conseguir Rajoy, a la tercera, el triunfo sobre Zapatero. El tiempo dirá si tiene razón o no, pero parece evidente que con un partido abierto en canal, con una suma y sigue de casos de corrupción, con miembros del PP encarcelados, o presentado avales para no ir a prisión, la imagen y el liderazgo de Rajoy se debilitan extraordinariamente. Sobre todo cuando el presidente del PP, lejos de ofrecer una imagen de contundencia en la denuncia de los casos de corrupción en su partido, se empecina en silencios demasiado prolongados, en evasivas o en emplazamientos al paso del tiempo como forma de solución.
Rajoy puede seguir en su perfil bajo, sin tomar medidas contundentes contra los corruptos, esperando que el tiempo lo cure todo y siga desgastando al adversario; a lo mejor es que no puede hacer otra cosa si no quiere desencuadernar al PP, pero con los datos que ya conocemos todos y los que pueden estar por venir, corre el riesgo Rajoy de quedar anegado él también en esta marea y severamente dañado en sus expectativas de acceder al Gobierno.