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«La casa se cae a trozos»
Un techo de la vivienda de la familia Melero se vino abajo hace dos semanas y dicen que no tienen otro sitio al que irLa acumulación de agua por las lluvias provocó que las vigas se derumbasen y que desde entonces vivan con la cocina apuntalada
JEREZ. Actualizado: GuardarHace dos semanas que apenas duermen. El miedo les puede. Temen que en cualquier momento se les caiga otro techo de la casa. Y, sobre todo, que esta vez lo haga encima de ellos. Entonces ya pasó con el de la cocina, pero tuvieron suerte. Aseguran que no les queda más remedio que jugársela porque no tienen otro sitio al que poder ir.
El futuro de Juan Melero y su familia es incierto. Su vida hace tiempo que era complicada, pero ahora lo es mucho más. Él lleva casi dos años en el paro y asegura que sólo cobra 420 euros de ayuda. La cantidad se antoja a todas luces insuficiente para sacar a su gente adelante todos los meses. Su esposa, Manuela, tampoco trabaja. Ni su hijo David, de 26 años. Los otros dos, afortunadamente, viven con sus respectivas parejas «y por lo menos ellos pueden dormir tranquilos».
Juan, Manuela y David viven desde hace algo más de 13 años en una casa situada en Ronda Muleros, pegada a la Ermita del Cristo de la Expiración. Tiene 110 metros cuadrados, tres habitaciones, una cocina y un cuarto de baño. Pero se encuentra en un pésimo estado. «Se cae a trozos», apunta Juan Melero. Y señala, en primer lugar, como tratando de reforzar su afirmación, al techo de la cocina. Cuenta que se cayó de golpe hace aproximadamente dos semanas: «Menos mal que no estábamos ninguno de nosotros aquí en ese momento, porque hubiese pasado una desgracia, y de las gordas de verdad».
Vigas comidas
Sólo hace falta echarle un vistazo al techo -o a lo que queda ahora del mismo- para darse cuenta de que era algo que tarde o temprano tenía que pasar. Está en un estado peor que mal y las vigas «totalmente comidas». Las lluvias hicieron el resto. Han sido dos meses marcados por el agua caída en Jerez. Una gran cantidad de ella se acumuló en el techo. Y, claro, éste acabó cediendo.
Cuentan que técnicos de Urbanismo les dijeron que debían apuntalar con urgencia. Le advirtieron, igualmente, que si llamaban a los Bomberos, deberían hacer frente al coste de su intervención. Juan Melero señala que no se lo pueden permitir con los 420 euros mensuales que ingresa. «Por eso tampoco teníamos seguro, y a ver qué hacemos ahora».
«Esto es un sinvivir; tenemos el miedo metido todo el día en el cuerpo, y encima no para de llover», añade. Relata que apenas pueden pegar ojo por el temor de que se caiga otro pedazo de techo cuando estén en el salón o durmiendo en una de las habitaciones. O en la cocina apuntalada cuando Manuela esté preparando la comida. O en el baño, donde los técnicos les dijeron que tuviesen especial cuidado.
No saben qué hacer ni a quién pedir ayuda. «La alcaldesa nos prometió la semana pasada, al terminar el Pleno, que nos ayudaría, que intentaría buscarnos otra casa hasta que se solucionase el problema, pero todavía estamos esperando», concluye Juan Melero.