Tics y coll
Las hijas de Obama no han recibido un ordenador ultraportátil en el colegios, y ellas se lo pierden. Es lo que tiene no vivir la tercera modernización de Andalucía
Actualizado: GuardarMalia y Sasha están a dieta porque así lo ha decidido su abnegada madre. No comen hamburguesas, pero sí toman leche desnatada, frutas y agua en lugar de bebidas azucaradas. Malia y Sasha no ven la tele a diario porque desde pequeñas aprendieron que entre semana es mejor hacer los deberes escolares y leer que abandonarse en los brazos del sofá y ver los dibujitos animados o Sálvame. Malia y Sasha son independientes y responsables y desde que tenían cuatro años van a todas partes con un despertador para concienciarse de que se deben a unos horarios. Malia tiene 11 años y Sasha, 8 y se van a la cama todas las noches antes de las nueve sin rechistar y sin entrar en el 'Messenger' para decir tonterías. Malia y Sasha se hacen a diario su cama y se preparan el desayuno antes de ir a la escuela. Sus padres están muy orgullosos de la educación que reciben en casa, e incluso se atreven a dar consejos «hay cosas que todos los padres pueden hacer sin importar lo pobres que sean, como apagar la televisión». Malia y Sasha, ya lo saben, son las hijas de Obama, así que juegan con ventaja por eso. Por eso, y porque no están en una escuela Tic2.0 ni han recibido un ordenador -ultraportátil- en el colegio y ellas se lo pierden. Es lo que tiene estar viviendo en la tercera modernización de Andalucía.
Porque lo prometido, siempre, es deuda. Y en deuda estaba yo con usted desde hace tiempo, desde que le prometí que le avisaría cuando tuviera en casa el ordenador gratis que me corresponde por gentileza de la Junta de Andalucía. Sí, ya sé que los dio el mes pasado, pero recordará usted que mi hijo tampoco va a una escuela Tic2.0, sino a un modesto colegio concertado de esos que levantan todo tipo de sospechas en esta ciudad, y lo que se anunciaba a bombo y platillo hace un par de meses, me ha llegado hace un par de semanas. Las suficientes para reiterarme en mi obcecada idea de que tamaño despilfarro por parte de la Junta no es más que una campaña de escaparatismo como tantas a las que nos vamos, peligrosamente, acostumbrando. Otra fanfarria más en esta opereta que cada vez suena peor. Y no, no está mal el ultraportátil que nos ha tocado. Manejable, liviano, verde que te quiero verde. y, de momento, inútil. Lo verdaderamente preocupante es, como siempre, todo lo que rodea al aparato.
Si delirante era la carta con la que la Consejera lanzaba las primeras señales de humo, ni les cuento el vídeo de presentación realizado por la Junta, con que fuimos castigados todos los padres antes de la dichosa entrega. En apenas siete minutos fueron capaces de retar más de cien veces a la gramática castellana -los niños y las niñas, los alumnos y las alumnas, los maestros y las maestras, ya saben- y de enredarnos con artes más propias de un Blacamán que de un sistema educativo. Eso, por no hablar del folleto que acompaña al compromiso digital que hemos tenido que suscribir y que nos obliga a los padres a «tratar con respeto a todas las personas de la Comunidad Educativa» o a «favorecer el diálogo con nuestros hijos/as sobre su vida digital» -no se rían- y que obliga al centro a «fomentar los valores de respeto, responsabilidad y tolerancia como ejes fundamentales de la educación en general y de la digital en particular». Vaya. Yo creía que les daban un ordenador, y resulta que es un código ético el que les proporciona el aparato. Un aparato que, de momento, y hasta que no se incorporen las tecnologías adecuadas en las aulas, pizarra interactiva, cañón de proyección y equipo multimedia -échenle un par de años- , sólo servirá para jugar -autoaprendizaje, lo llamaban en el vídeo- al solitario -sí, trae el solitario- o para navegar por Internet desde casa, pero que viene equipado con una mochila 'trolley' que, gracias a la gentileza de Port Designs, es el asombro de Damasco. Una mochila también verde que te quiero verde, provista de un brazo telescópico y correas alcochadas, fabricada en «tejido Mesh» y reforzada con «espuma de alta densidad» con numerosos bolsillos y «un departamento extra especialmente diseñado para la botella de agua, fabricado en neopreno» -algo esencial en la escuela tic2.0- que se completa con un chubasquero que cubre completamente el conjunto, y a la que sólo le falta decir «mira, mira, aquí dentro llevo un ordenador de la Junta». Una mochila que no es más que un reclamo para los chiquillos, más interesados en el funcionamiento del trolley que de la supuesta mochila digital que incorpora el ultraportátil y que, supuestamente, es la que va a facilitarles la vida digital a los alumnos y alumnas y eso. Porque de nada sirve empezar por el tejado la casa. Una casa en la que los niños españoles pasan delante de una pantalla -me da igual la televisión que el ordenador- una media de tres horas diarias. Una casa, la escuela, en la que los libros de texto apenas se ocupan de lo que pasa más allá de los límites de cada comunidad autónoma. Una casa en la que los niños hacen el recreo en azoteas, sin instalaciones deportivas, con carencias de profesorado. Una casa en la que habrá mucha alfabetización digital, no lo dudo, pero en la que crecen unos analfabetos irrecuperables, de los que no sabrán hacer la o con un canuto, porque el canuto no viene en la pantalla. Y me da igual que, como dice el folleto de la Junta, las tics formen parte de la cotidianidad de nuestros hijos e hijas. Porque no sólo de nuevas tecnologías vive el hombre, y cuando no hay mimbres, pocos cestos se pueden tejer.
Dice el folleto de la Junta que el papel y la responsabilidad de las familias en todo esto es evitar que los niños se conviertan en «huérfanos digitales». Menos mal. Por un momento, pensé que tendría que hacer como Michelle Obama y poner a dieta a mis hijos obligándolos a hacer las tareas y a leer. Es lo que tiene ser andaluz, que la semana que viene. hablaremos del gobierno