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El día que el grunge se quedó huérfano
Incapaz de domeñar sus fantasmas internos, Kurt Cobain puso fin a su vida hace 20 años
MADRID. Actualizado: GuardarFue el profeta encargado de guiar a una generación, uno de esos genios atormentados que aparecen de tarde en tarde para iluminar un mundo que clama en busca de respuestas y cuyo destello fugaz se apaga, lamentablemente, demasiado pronto. Un exponente del denominado 'club de los 27' cuyo trágico final parecía escrito de antemano en las necrológicas de sus antepasados y sobre el cual los teóricos de la conspiración siguen elucubrando, veinte años después. El 5 de abril de 1994, en su casa de Seattle, apagaba, por propio designo, su luz, mas su voz sigue resonando a través de un puñado de temas que figuran entre los mejores de las últimas décadas. Kurt Cobain, máximo abanderado del grunge, ese género parido en sucios garajes que se alimenta de guitarras distorsionadas y sonidos guturales a través de los cuales se vomitan letras marcadas por el descontento, continúa siendo uno de los iconos recurrentes para quienes, como él, no acaban de hallarse cómodos con la realidad. Una legión de fieles que el pasado 20 de febrero abarrotaron la localidad natal del cantante, Aberdeen, para celebrar el día que lleva su nombre y que el 10 de abril festejarán por todo lo alto su entrada en el Salón de la Fama del Rock & Roll.
Son apenas dos de los muchos hitos destinados a homenajear a quien puede considerarse como el auténtico padre de un sonido que marcó un punto y aparte con lo escuchado hasta entonces. Deudor del hard rock y el rock alternativo, con elementos extraídos del heavy metal y el punk, su alumbramiento en Seattle a finales de los años ochenta no tardó en hallar eco en todo el mundo. Puede que Nirvana no fuese el primer grupo que bebiera su mágico elixir, pero fue sin duda el que más partido le extrajo. Sus singles sirvieron como alimento de los integrantes de la conocida como 'generación X', caracterizada por un pesimismo existencial que alcanzaría su cénit con el suicidio de quien se había convertido en uno de sus principales pastores y cuyo legado sigue presente en los álbumes de bandas 'hermanas' como Pearl Jam, Soundgarden o Alice in Chains.
Era el desenlace casi inevitable para un joven al que el éxito jamás nubló su visión. Reverenciado como un dios por sus devotos, Cobain siempre se sintió maltratado. Pasto de los tabloides a causa de sus problemas personales -la dependencia de las drogas y una tormentosa relación con Courtney Love sobre la que aún siguen vertiéndose ríos de tinta-, consideraba que su mensaje estaba siendo pervertido.
Espíritu irredento
Siempre en busca de la perfección, no tuvo reparos en distanciarse de los parámetros sobre los que había cimentado su mayor éxito, un 'Nevermind' del que se vendieron más de 30 millones de copias en todo el mundo y que la revista Rolling Stone acabó designando como el mejor de los noventa. 'In Utero', la traducción de ese perpetuo espíritu de rebeldía, con una producción menos artificiosa, habría de sortear la desconfianza de la discográfica, temerosa siempre de los giros radicales. No alcanzaría las cotas comerciales holladas por su predecesor, pero la crítica, andando el tiempo, acabaría dando la razón al vocalista. Dos décadas después de su aparición, 'In Utero' conserva mejor su esencia que 'Nevermind', por mucho que este y no aquel siga siendo el trabajo por el que se identifique a Nirvana.
Una labor, por otro lado, nada enrevesada. La figura de Cobain, como la de otras leyendas que vieron trágicamente truncada su existencia, sigue omnipresente en el imaginario colectivo. Grabado a fuego en la memoria de los melómanos ha quedado su 'MTV Unplugged in New York', un acústico grabado el 18 de noviembre de 1993 prescindiendo de cuantos dictados estableció la cadena, para mayor gloria de su carácter irredento. Nada de grandes éxitos ni tótems haciendo los coros. Un repertorio personal, con gente de su confianza, para un concierto impregnado a la vez de la fuerza y la debilidad del vocalista. Un artista que no tendría tiempo de ver cómo dicha actuación se convertía en un fenómeno que le depararía a sus compañeros el premio Grammy al mejor disco de música alternativa.
Para ese entonces, Cobain llevaba varios meses muerto, doblegado por unos fantasmas que no pudo exorcizar mediante el consumo de las drogas, de las que tan amplio uso hizo. El 5 de abril de 1994, diezmado por una depresión que llevaba largo tiempo padeciendo, tomaba la decisión de poner fin a su vida. Su cadáver fue hallado en la habitación que tenía encima de su garaje, con una bala en la cabeza. Junto al cuerpo, una nota que concluía con este lacónico mensaje: «Por favor, Courtney, sigue adelante. Por Frances. Por su vida, que va a ser mucho más feliz sin mí. Los quiero. ¡Los quiero».