Mas ofrece a Rajoy una última oportunidad para negociar la consulta
El presidente catalán insiste en que el proceso no tiene vuelta atrás y convocará el referéndum cual sea la posición del Gobierno central
BARCELONA.Actualizado:Un día después de que Mariano Rajoy recriminara a Artur Mas que sus decisiones unilaterales imposibilitan el diálogo en relación a la cuestión catalana, el jefe del Ejecutivo catalán emplazó una vez más al presidente del Gobierno central a sentarse con él para hablar y a negociar el referéndum por la independencia.
En un mitin de Convergència ante 2.000 afiliados en Barcelona, en el que trató de levantar el alicaído ánimo de los suyos, que sufren cada vez que se publica una encuesta y ven que Esquerra les lleva cada día más ventaja y en el que intentó además convencer a todos los que en Cataluña aún dudan de su voluntad de llegar hasta el final en el proceso soberanista, Mas se mostró firme en el pulso que mantiene con el presidente del Gobierno. Eso sí, sin dejar de tenderle la mano para alcanzar un acuerdo.
Según el dirigente nacionalista, Rajoy tiene, con la propuesta que aprobó el Parlamento catalán el jueves pasado de reclamar la consulta en el Congreso, una ocasión de «oro» para facilitar la convocatoria del referéndum y, por tanto, demostrar que es sincero cuando apela al diálogo. «Esperamos una respuesta en pocos meses. Nosotros por mandato popular explícito y la transversalidad del proceso, haremos el camino con voluntad de diálogo», dijo el líder de Convergència.
El inquilino del Palau de la Generalitat da a Rajoy tres o cuatro meses -hasta que se produzca la votación en el Congreso sobre la consulta- para que realice algún movimiento, que por otra parte confiesa que no se espera, ante la inminencia de las elecciones europeas. En caso de que la Moncloa siga en sus trece Mas detalló cuál será el escenario que se encontrará Rajoy, al que calificó como el líder del partido del 'no' a todo: si el Gobierno intenta abortar el proceso, algo «muy grave» a su entender, habrá «turbulencias» en las relaciones políticas entre Cataluña y el resto de España y el desafío al Estado se concretará con la firma de la convocatoria formal de la consulta para el 9 de noviembre. Más o menos lo que Duran Lleida resumió el viernes como un «¡Escucha, Rajoy, escucha!, si no mueves ficha, todo acabará mal para todos».
Apelaciones mutuas
El caso es que Mas y Rajoy llevan meses realizando apelaciones mutuas a un diálogo que se ha producido a cuentagotas y que hasta la fecha no ha dado ningún fruto, más allá de acuerdos sectoriales en materia económica. El Gobierno insiste en que fuera de la Constitución no hay nada de que hablar y limita las conversaciones al sistema de financiación, mientras que la Generalitat no dará su brazo a torcer a tratar de negociar la consulta, como Londres y Edimburgo. Para Mas no hay marcha atrás y el camino hacia el Estado es irreversible, según trasladó a los suyos, que le recibieron al grito de «independencia, independencia». Por tanto, ninguna de las dos partes ofrece a la otra ningún margen de negociación y a día de hoy el supuesto diálogo es más bien de sordos.
Por lo que respecta al líder convergente su estrategia está clara. Ofrece una mano tendida al diálogo, pero siempre desde el convencimiento de que el acuerdo es poco menos que imposible, lo que le permitirá abanderar una reacción victimista en Cataluña contra la actitud inmovilista del Estado, que a su juicio se comporta de manera poco democrática con Cataluña, lo que justificará, según el ideario nacionalista, la convocatoria de elecciones plebiscitarias, como paso previo a la declaración unilateral de independencia. «La mayoría del pueblo catalán se ha cansado de nadar contra la corriente y queremos nadar a favor, queremos vivir tranquilos y queremos ser un país normal», dijo antes de añadir, en medio de un aplauso generalizado que «se puede ser aliados de todos, también de España, pero no somos propiedad de nadie, tampoco de España».
A continuación, Mas denunció que se «humille» y se «ofenda» al pueblo catalán cuando se pide que Cataluña se «ponga de rodillas» por los créditos del Estado para financiar la Generalitat «con recursos que genera Cataluña», cuando se compara el proceso soberanista con totalitarismos y cuando se tilda a los catalanes de insolidarios. A modo de conclusión afirmó que votar es la única manera de dar salida a la actual situación.