Mas condiciona la celebración del referéndum a que exista marco legal
El jefe del Ejecutivo catalán recuerda las «consecuencias» de la Guerra Civil en un intento de presionar al Gobierno de Mariano Rajoy
Actualizado:Artur Mas inició ayer el curso político del año en que a su juicio Cataluña protagonizará un «cambio de rasante» en sus relaciones con el resto de España a partir de la celebración de una consulta soberanista, fijada para el próximo 9 de noviembre. El presidente de la Generalitat, que dijo sentirse «fuerte» hasta el punto de no mostrar ya mucho interés por incorporar a Esquerra a su gabinete, detalló tras la primera reunión del Ejecutivo catalán cuál será su hoja de ruta para el año del referéndum, en el que «todos los escenarios están abiertos», salvo uno, que convocará la consulta de acuerdo a un marco legal.
Mas aseguró que, a corto plazo, tiene intención de agotar todas las vías de diálogo con el presidente del Gobierno, de cara a que la consulta sea acordada o tolerada por la administración central.
El dirigente nacionalista reconoció que las relaciones entre ambos ejecutivos son «tensas» y «difíciles», pero sigue apelando a Rajoy a que permita votar a los catalanes. Mas dio a entender que ultima una próxima reunión con el presidente del Gobierno, con quien no se ha visto de manera privada desde el mes de agosto, y a quien volvió a tender la mano a negociar, aunque dejando claro que la línea roja que marca la administración catalana es que la decisión final la debe tomar la ciudadanía de Cataluña en una consulta. Mas se mostró dispuesto a sentarse a hablar con Rajoy, aunque le deja muy poco margen de negociación, si acaso podría plantearse modificar la pregunta, pero poco más.
Porque a pesar de que está a la «expectativa» de una «oferta» («a ver qué se sacan de la manga», dijo) en relación al sistema de financiación, el presidente catalán no está dispuesto a renunciar a la celebración de un referéndum, no dará su brazo a torcer, va dando pasos hacia la independencia («desmembración del Estado», según la terminología empleada este martes) y va incrementando el desafío al resto de España.
Hace un año, declaró la soberanía de Cataluña, fijó el referéndum como objetivo de la legislatura y lo situó en el entorno de 2014. Más tarde, hace un mes, pactó la fecha y la pregunta y este martes se comprometió a firmar el decreto de convocatoria en el mes de septiembre.
Adelanto electoral
Lo que pase más allá de la rúbrica ya es toda una incógnita y no dependerá sólo de la voluntad de Mas. Rajoy y el PP han afirmado por activa y por pasiva que no permitirán el referéndum y por tanto es previsible que impugnen al Constitucional tanto la ley de consultas catalana que Mas quiere usar como base legal de la votación como el propio decreto de convocatoria. No aclaró, eso sí, si está dispuesto a sacar las urnas a la calle en caso de veto gubernamental, aunque sí deslizó que su última opción, y puede que la única si quiere que la cita sea legal, será la convocatoria de unas elecciones plebiscitarias en forma de adelanto de las autonómicas. «Si un pueblo quiere votar, nada impedirá que lo haga de una manera u otra», dijo.
La afirmación sonó en clave de advertencia, igual que algunas de las referencias que hizo a la Guerra Civil, una novedad en su discurso. En un momento de tensión muy fuerte con el Gobierno central, Mas pidió «tener presentes las consecuencias» de la contienda española y acusó al ministro del Interior, que alertó del riesgo de ruptura social y familiar en Cataluña como consecuencia del debate soberanista, de no haber superado los «demonios de las luchas fratricidas». «Lo que rompe la convivencia es no votar, decir que se rompe la convivencia forma parte de la guerra sucia» del Estado, denunció.
Mas también fue crítico con la UE, por ser tan reacia a los cambios, y admitió que no espera una toma de posición «explícita» a favor de la consulta por parte de los Estados miembros. Mas envió el pasado 20 de diciembre una carta a 27 líderes europeos, con la que «simplemente» pretendía que «tengan información, que sepan lo que está ocurriendo y que vean la actitud absolutamente democrática de las instituciones catalanas: solamente queremos votar», dijo. El presidente de la Generalitat, que mostró un tono algo triunfalista en lo económico, anunció que en tres semanas CiU y ERC decidirán si van juntos a las elecciones europeas.