La ineptitud convertida en burla
Actualizado: GuardarEs difícil que sea una casualidad. Resulta cándido pensar siquiera que haya buena intención, simple torpeza. Si hubiese existido, habría mediado la prudencia para aplazar la declaración hasta tener ciertas garantías de éxito. Pero se trata de echar el balón hacia delante, de sacarlo fuera, de distraer la atención para ganar una semana más de ineptitud, que es una semana menos de formación para los alumnos y los aspirantes a serlo (suman casi 300), además de una semana añadida sin salario para los 17 docentes y trabajadores que llevan ocho meses sin sus nóminas.
El culebrón de la Escuela de Hostelería de Cádiz alcanza ya proporciones bochornosas. La propia Consejería anunció esta semana, por tercera vez, que el curso podría arrancar el próximo lunes porque toda la documentación estaba en regla. Ahora resulta que ese papeleo no incluye ni la financiación ni los ocho meses de sueldo atrasado del personal. Así que nadie sabe a qué se refería la administración autonómica cuando hablaba de normalidad y luz verde porque la próxima semana tampoco llegará ningún inicio.
Con todo, con el drama personal de los que no tienen ingresos para sobrevivir y con la burla a los jóvenes que tratan de labrarse un futuro laboral en un centro con un asombroso nivel de inserción laboral, resulta más grave que el gobierno regional haya puesto en marcha la maquinaria para culpar a las víctimas. Tanto el delegado provincial López Gil como la propia presidenta de la Junta, Susana Díaz, han dejado caer en las últimas horas que hubo muchas anomalías en la gestión de estas escuelas, lo que al parecer justificaría tanto retraso y desmán. Si así fuera, sólo cabe una pregunta: ¿Por qué han esperado hasta ahora para decirlo?