Hasta 25.000 fieles y peregrinos se congregaron ayer en la beatificación más multitudinaria en la historia de la Iglesia en España. :: EFE
Sociedad

«Sed cristianos de obras y no de palabras»

El Papa evitó recordar a las víctimas del franquismo en la multitudinaria beatificación de 522 mártires en Tarragona

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Con un nítido y preciso mensaje del Papa reclamando «cristianos con obras y no de palabras» arrancó ayer en Tarragona la beatificación más multitudinaria del la Iglesia católica en España. Unos 25.000 fieles y peregrinos se congregaron, según las cifras de los organizadores, para escuchar el mensaje papal y presenciar la beatificación de 522 sacerdotes, religiosos, monjas y seglares asesinados durante la Guerra Civil española (a excepción de dos de ellos, que murieron en la Revolución de Asturias de 1934). En su mensaje en vídeo de apenas tres minutos, el Sumo Pontífice elogió la entrega de los mártires a los que se refirió como «discípulos que aprendieron bien el sentido de amar hasta el extremo que llevó a Jesús a la cruz».

Aunque la Iglesia se cuidó de afirmar en todo momento que los nuevos beatos fueron caídos de la contienda española, sino que fueron víctimas de la persecución religiosa, la mayor elevación a los altares celebrada nunca por la Iglesia católica reabría en cierto sentido heridas de la Guerra Civil. Estuvo rodeada por la polémica de la memoria histórica, ante el debate sobre el papel que jugó la Iglesia en la Guerra Civil española y en el régimen de Franco y por lo que algunos entienden un acto de injusticia, dado que la jerarquía eclesiástica solo recuerda a los muertos de un bando y no a los que son responsabilidad de un régimen al que dio amparo.

Aunque algunas voces críticas, incluso el seno de la Iglesia, como entidades cristianas de base, habían reclamado por carta al Papa un reconocimiento explícito del apoyo que el catolicismo prestó a la dictadura franquista y le habían solicitado que pidiera perdón público por el respaldo que la Iglesia española dio al dictador, el jefe de la Iglesia de Roma evitó cualquier referencia que pudiera ser entendida como un acto de disculpa.

El papa Francisco, que en lo que lleva al frente de la jefatura del Estado del Vaticano ha sorprendido por no esconderse ante los temas controvertidos, participó desde Roma en la macro-beatificación a través del mensaje grabado emitido en una pantalla gigante. Esta vez Jorge Mario Bergoglio pasó de puntillas sobre el asunto del nacionalcatolicismo y la santa cruzada y pidió a los cristianos que lo sean de manera concreta, a través de obras y no de palabras «para no ser cristianos mediocres». Este amor a la fe se debe llevar hasta el «final», reclamó, como lo demostraron los 522 mártires elevados a los altares. «Mártir es aquel que ha tomado el sentido de querer hasta el extremo que llevó a Jesús a la cruz», exclamó. «No existe el amor por entregas, el amor en porciones. Cuando se ama se quiere hasta el extremo», concluyó.

La macro-beatificación, en la que participaron 105 obispos (ocho de ellos cardenales), 1.400 sacerdotes, fue presidida por el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos. Aseguró el prelado en su homilía que la beatificación «no busca culpables», destacó que «el perdón es al esencia del cristianismo» y que «nada justifica un guerra fratricida ni la muerte del prójimo».

Amato recordó el «periodo oscuro de la hostilidad anticatólica de los años 30». «Vuestra noble nación fue envuelta en la niebla diabólica de una ideología, que anuló a millares y millares de ciudadanos pacíficos, incendiando iglesias y símbolos religiosos, cerrando conventos y escuelas católicas, destruyendo parte de vuestro precioso patrimonio artístico» . Una etapa de «libertina política religiosa», dijo.

Insistió Amato en que, en todo caso, los mártires «no fueron caídos de la guerra civil, sino víctimas de una radical persecución religiosa, que se proponía el exterminio programado de la Iglesia». Sin buscar culpable ni cargar responsabilidades, destacó que la Iglesia, «no quiere olvidar a estos sus hijos valientes» y los beatifica en una «fiesta de la reconciliación, del perdón dado y recibido». «Una celebración -aseguró- que quiere una vez más gritar fuertemente al mundo que la humanidad necesita paz, fraternidad, concordia. Nada puede justificar la guerra, el odio fratricida, la muerte del prójimo», reiteró.

Políticos

Hubo en la ceremonia, celebrada en la antigua universidad laboral de Tarragona, una nutrida representación política: el presidente del Congreso, Jesús Posada; el presidente de la Generalitat Artur Mas; los ministros de Interior y Justicia, Jorge Fernández Díaz y Alberto Ruiz Gallardón, así como unos 80 alcaldes de municipios y ciudades de toda España. Ruiz Gallardón calificó la ceremonia como un acto de «justicia», pero también de «reconciliación». El president Mas, que recibió fuertes críticas en Cataluña por asistir a un homenaje a los del bando de los vencedores, justificó su presencia en que la mitad de los nuevos beatos eran catalanes y eran «víctimas inocentes».

Del total de mártires beatificados, 515 eran españoles ,3 franceses, 1 cubano, 1 colombiano, 1 filipino y 1 portugués, de las diócesis de Ávila, Barbastro, Barcelona, Bilbao, Cartagena, Ciudad Real, Córdoba, Cuenca, Jaén, Lleida, Madrid, Menorca, Sigüenza-Guadalajara, Tarragona, Tortosa y Valencia. En paralelo 200 personas rendían homenaje a las víctimas del franquismo en una ceremonia civil celebrada en el cementerio de L'Oliva.