España apoya la respuesta de EE UU a Siria
Tanto Obama como el resto de la comunidad internacional esperarán al informe de la ONU
NUEVA YORK.Actualizado:Barack Obama necesitaba aliados para apoyar su decisión de atacar Siria y se encontró con Mariano Rajoy al entrar en la cumbre del G20. Le saludó con cordialidad, alabó su gestión y le invitó a la Casa Blanca. Al día siguiente España suscribió el comunicado que buscaba EE UU. La Casa Blanca perseguía obtener al menos el «apoyo retórico» de diez países, la mitad de la cumbre, y así ha sido: Australia, Canadá, Francia, Italia, Japón, Corea, Arabia Saudí, España, Turquía y Reino Unido firmaron el comunicado más o menos ambiguo que pone a más de la mitad del G20 en contra de Bashar el-Asad. La mayor legitimidad que haya logrado hasta ahora Washington para sus acciones, aún impredecibles.
«Apoyamos los esfuerzos emprendidos por EE UU y otros países para reforzar la prohibición del uso de armas químicas», dice el texto.
Los firmantes culpan «claramente al Gobierno sirio como responsable del ataque», en contra de lo que el anfitrión de la cumbre opina. Vladimir Putin sigue apuntando hacia los rebeldes, detrás de los que muchos ven la mano de Arabia Saudí, pero eso a Obama no parece preocuparle, una vez descartado el apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU debido al «obstruccionismo» de Rusia.
Al igual que EE UU, los firmantes del comunicado preferirían que fuese ese órgano el que liderase la «fuerte respuesta internacional» que demandan, pero como Obama, reconocen «que el Consejo de Seguridad de la ONU sigue paralizado como lo ha estado durante dos años y medio».
El presidente norteamericano no logró hacer cambiar de opinión a su homólogo ruso, pero alberga esperanzas de que la investigación de la ONU le deje cada vez más aislado en su postura. «Es posible que después del informe de los inspectores de Naciones Unidas sea más difícil para Putin mantener su actual posición sobre las pruebas», indicó.
La misión de los inspectores no es determinar quién perpetró el ataque, sino solo si ocurrió, algo en lo que en lo que está de acuerdo hasta el Gobierno sirio. Por eso es difícil adivinar qué puede haber en esa «narración de los hechos» que quite argumentos al mandatario ruso en su teoría de que los rebeldes perpetraron el ataque. «A partir de ahí ya veremos», dijo Rajoy, convencido de que «algo habrá que hacer», a pesar de que prefiere aplazar hasta entonces cualquier decisión militar. Un tema que probablemente discutió ayer su ministro de Defensa, Pedro Morenés, que acudió al Pentágono para reunirse con su homólogo estadounidense, Chuck Hagel. El PSOE pidió, por su parte, la comparecencia urgente de Rajoy para explicar su postura sobre Siria y el papel de España.
EE UU también esperará. La líder demócrata Nancy Pelosi había dicho la víspera que la Casa Blanca le había dado dos semanas más para el debate en la Cámara Baja. Un tiempo que Obama aprovechará para intentar granjearse a la opinión pública, que es su mayor obstáculo.
Aturdidos por la virulenta reacción de sus constituyentes, los legisladores han empezado a alinearse en contra de la acción militar que promueve el Gobierno, demasiado tardía y limitada para los republicanos y demasiado temeraria para los demócratas.
Mensaje en víspera del 11-S
La sombra de Irak y las mentiras que desencadenaron esa guerra pesan demasiado entre los demócratas, por mucho que el Gobierno de Obama se empeñe en que esto no será Irak, ni Afganistán, «ni siquiera Libia», dijo su asesor adjunto de Seguridad Nacional Ben Rhodes. El presidente dijo haber sabido desde el principio que obtener la autorización del Congreso no iba a ser fácil. «De hecho, las suspicacias probablemente sean mayores en mi partido que en el Partido Republicano, ya que mucha de la gente que me apoyó recuerda que me oponía a la guerra de Irak», reconoció. «Y lo que es verdad es que la experiencia con la Guerra de Irak tiñe cómo ve la gente esta situación, no solo en casa sino también aquí en Europa y alrededor del mundo».
Ese será el fantasma con el que tendrá que luchar en su discurso del martes, víspera del 11-S, la fecha que ha elegido para pedir al país que le apoye en su decisión de castigar militarmente a Siria por los ataques químicos del 21 de agosto.
El mandatario no quiso prometer que si pierde la votación del Congreso renunciará a los ataques, como ha hecho Gran Bretaña, porque en este momento necesita convencer a los legisladores de que sin su voto EE UU perderá la credibilidad en el mundo. En privado, sus asesores dudan de que Barack Obama llevase a cabo el plan militar con una negativa del Congreso, a no ser que Bashar el-Asad volviera a gasear a la población civil, en cuyo caso cree que le sería más fácil convencer a la comunidad internacional para que tomase cartas en el asunto.