La protesta en Turquía amenaza con durar
Los manifestantes esperan el regreso hoy de Erdogan con una lista de demandas que incluye dimisiones de jefes policiales
ESTAMBUL.Actualizado:Cada día que pasa, el parque Gezi, junto a la plaza Taksim de Estambul, mejora sus instalaciones para unos manifestantes que recibieron la noticia de la tercera muerte por los choques con la Policía, esta vez en Ankara. Lo último en llegar ha sido una biblioteca en la que se prestan libros que los ciudadanos han traído de casa. Ya hay 20.000 volúmenes. «No hay jefes, pero estamos mejor organizados de lo que piensan. La gente está cansada de Erdogan y de su gente y nos preparamos para una lucha muy larga. No hay perdón con los fascistas», señala James Alfredo Dileli, estudiante irlandés de Filosofía de 29 años que lleva tres en Estambul y se encarga de esta biblioteca revolucionaria.
En medio de un caos tan organizado de colectivos políticos y sociales, un autodenominado Grupo de Solidaridad de Taksim, formado por activistas que están en la plaza desde el inicio de la protesta, viajó a Ankara para reunirse con el viceprimer ministro, Bulent Arinc. El número dos de Recep Tayyip Erdogan reiteró las disculpas por los excesos policiales y escuchó las demandas de los manifestantes.
La movilización exige la destitución de los jefes de Policía de Ankara, Estambul y Hatay, la puesta en libertad de los detenidos en las revueltas, la prohibición del uso de gases lacrimógenos y la promesa de que se va a olvidar el proyecto de levantar un centro comercial en el parque Gezi, el motivo inicial que inspiro la acampada hace una semana en la última zona verde del centro de la ciudad. Un origen que, tras las cargas policiales, ha derivado en un pulso al Gobierno.
Las autoridades han intentado templar el clima en el país en las últimas 48 horas pidiendo disculpas y retirando a la Policía de los aledaños de lugares como Taksim, pero la última palabra de la postura oficial la tiene el primer ministro Erdogan, que regresa hoy a Turquía tras una gira por el norte de África. Desde Argelia, su última parada, volvió a arremeter contra los manifestantes, a quienes acusó una vez más de «extremistas» y «vándalos», lejos del ánimo conciliador exhibido por su número dos en Ankara.
«Que no venga, que se quede para siempre en África, no hace ninguna falta», piensa Eren Onur, arquitecto de 30 años miembro de la Confederación Sindical de Funcionarios (KESK). La segunda jornada de huelga tuvo mayor impacto y Taksim vivió el final de una marcha en la que tomaron parte más de 10.000 trabajadores. «Estamos debatiendo si seguir con la huelga o no durante los próximos días», apunta Onur.
La lucha se mantiene y siguen llegando tiendas de campaña. Los carteles con los nombres de los 'mártires' cuelgan de los árboles. El último, tercero desde el estallido de las protestas, es Ethem Sarisuluk, según el diario Hürriyet Daily News, que cita a la Asociación Médica de Turquía. Se trata de un hombre de Ankara que permaneció cuatro días en estado de muerte cerebral en un hospital de la capital tras haber recibido un disparo en la cabeza. El Colegio de Médicos cifró en 4.177 los heridos que han dejado los choques con la Policía. El Gobierno maneja una cifra de 300 lesionados, la mayoría agentes.
Ciberactivismo
Los que no quieren arriesgarse al choque con la Policía apuestan por el ciberactivismo, aunque la Red también ha dejado de ser lugar seguro. De madrugada fueron detenidas 24 personas en sus domicilios de Esmirna, 450 kilómetros al suroeste de Estambul, bajo la acusación de «incitar a la revuelta» por Twitter.
El silencio informativo de los medios nacionales en los primeros días de la revuelta fue llenado por las redes sociales, convertidas en auténtico soporte de información de los acontecimientos a lo largo del país.
Un paseo por el parque sirve para reparar en la importancia de los dispositivos móviles con los que se tuitean todos los movimientos. «Los primeros días no me enteré de nada porque en los medios nacionales solo hablaban de choques violentos, pero cuando vi lo que era esto en realidad me quedé maravillada. Erdogan no va a tener más remedio que negociar si quiere una solución», opina Esra Sariçayi, activista de 29 años, que como el resto de sus amigas vive pegada al móvil para saber, de verdad, lo que está pasando.