La economía de guerra asfixia Damasco
Los efectos del conflicto sirio golpean a los ciudadanos de una capital donde cada día es más complicado llegar a fin de mes
DAMASCO.Actualizado:Las huellas de los primeros días de la revolución han desaparecido en Damasco. En Midan, el barrio de donde salieron las primeras manifestaciones de protesta contra Bashar el-Asad desde la mezquita de Al-Hasan, las familias vuelven a disfrutar del zoco central, una calle de más de un kilómetro repleta de restaurantes y tiendas de dulces. Donde antes de la revuelta no se podía dar un paso y encontrar una mesa libre era un milagro, ahora apenas quedan clientes porque «solo viene la gente del propio barrio, apenas tenemos visitas de otras zonas de la capital porque muchos siguen teniendo miedo de venir.
En la ciudad ahora se hace vida de barrio y son raros los movimientos excepto a la Ciudad Vieja, «que es un punto de encuentro para todas las confesiones», asegura un antiguo guía turístico que al ver un extranjero se acerca con sorpresa para conocer el motivo de la visita.
Cada viernes durante las primeras semanas de las revueltas «cientos e incluso miles de personas desafiábamos a los matones que nos esperaban en autobuses debajo del puente, después del rezo se formaban batallas campales e iban casa por casa deteniendo a jóvenes», recuerda un activista de la zona que vivió en primera persona «unos días irrepetibles, pero entre el régimen y los islamistas todo se ha echado a perder. Hoy en Damasco la mayoría no queremos a este Gobierno, pero tampoco a la oposición armada».
Las autoridades no olvidan el alzamiento en Midan y los hombres de los puestos de control se emplean a fondo antes de dejar salir o entrar a los vehículos. Se trata de lugares perfectamente engalanados con banderas nacionales y el mayor número posible de fotos del presidente, las únicas que se pueden ver en esta parte de Damasco de mayoría suní, secta del islam mayoritaria del país.
Precios disparados
Hace tiempo que los taxis dejaron de usar taxímetro y ahora las carreras se miden por el número de controles que hay que superar, por lo que el viaje a Midan desde el centro puede dispararse hasta las 300 libras (1,60 euros al cambio en el mercado negro), mientras que antes no llegaba a las 50 libras (0,27 euros). «La gasolina está por las nubes, no hay seguridad y cada control puede ser eterno», son los tres argumentos que repiten los conductores con vehemencia a la hora de negociar el precio. Una consecuencia más de una economía de guerra que asfixia a los habitantes de Damasco y a los de un país en el que Alepo, su principal motor económico, está parado desde el verano.
Pese a los esfuerzos del Banco Central, la moneda local se ha hundido y en la calle un euro se cambia a 185 libras, en marzo de 2012 no llegaba a las 70. «La vida se ha hecho imposible porque el salario no es suficiente para llegar a fin de mes. Lo que la oposición no ha logrado con las armas lo va a conseguir la economía, el pueblo está agotado», lamenta un funcionario que recibe un sueldo de 15.000 libras (81 euros al cambio actual, pero 215 euros en marzo de 2012). El régimen sigue pagando los salarios de sus más de dos millones de funcionarios en todo el país con puntualidad y al inicio de los incidentes subió las asignaciones mensuales en un 20%, pero no hay nuevas subidas a la vista.
La inflación ha disparado el coste de la lista de la compra y los ciudadanos resoplan cada vez que se menciona el nombre del ministro de Economía, Qadri Jamil. El litro de gasolina ha triplicado su valor y cuesta 90 libras (0,48 euros), aun y todo mucho más barato que en el vecino Líbano, lo que sigue empujando a taxistas y transportistas a cruzar la frontera solo para llenar los depósitos, y es un milagro encontrar gas para uso doméstico. El precio oficial de la bombona ha pasado de 225 libras (1,20 euros) a 1.200 (6,50 euros), pero en el mercado negro, con suerte, se puede encontrar pagando el doble. Junto a los combustibles también el pollo, las conservas o la leche en polvo, ahora importada de Emiratos Árabes, se han convertido en productos de lujo para el ciudadano medio.
En medio de este panorama de economía de guerra la noticia positiva es la desaparición de las colas frente a las panaderías de la capital tras el acuerdo alcanzado con Irán para importar harina. La república islámica acordó el envío de 800 toneladas diarias y eso hace posible que los ciudadanos de la capital vuelvan a tener pan. El Gobierno continúa subsidiando algunos alimentos como el pan, el arroz, el azúcar, que mantiene su precio de 15 libras (8 céntimos de euro al cambio) la bolsa de kilo y medio. La queja ahora viene porque «el pan es de inferior calidad al que estábamos acostumbrados, es algo más grueso y de sabor diferente, pero al menos ya no le falta a nadie», subraya el empleado de un hotel del centro de la capital.
Después de meses con las habitaciones llenas de desplazados que huían de las zonas en combate, este establecimiento, situado en la plaza Al-Merjeh, apenas tiene once habitaciones ocupadas porque «la gente ha decidido volver a sus casas o alquilar apartamentos. No se puede vivir eternamente en un hotel y nadie sabe cuánto puede durar esta situación», asegura.