Regreso al pasado
Actualizado: GuardarTienen razón quienes dicen que nuestra fortaleza está en reinventarnos día a día. Pero resurgir de las cenizas, en las que nosotros mismos hemos quemado nuestro futuro, no puede hacerse de otra manera más que regresando al pasado. Es por eso por lo que cada vez tenemos más claro que a nuestra máquina del tiempo sólo le funciona la marcha atrás. Y en esas estamos, dando grandes pasos, en plena regresión, hacia un bosque de hojas caducas.
El pasado fin de semana tuvimos dos clarísimos ejemplos de cómo es posible viajar en el tiempo sin salir de la ciudad, sin movernos casi del sofá de casa. Quien sabe si del nicho de nuestra tumba podemos sacar un nicho de mercado. El sábado volvimos a poner de manifiesto que nos las pintamos solos para hacer recreaciones históricas, aunque esa historia de la que tanto nos vanagloriamos apenas la conozcamos de oídas.
La jura de bandera de 150 ciudadanos como usted o como yo, ese acto de 'lealtad' a la patria, que decían los organizadores, o el rosario público de la fe, fueron muestras de cuanta caspa somos capaces de acumular en nuestras cabezas. Muestras de lo fácil que es confundir el atún con el betún y muestras de lo difícil que es mantener el equilibrio en esta cuerda floja por la que pretendemos avanzar. Tanto la jura como el rosario llenaron las calles de espectadores, eso sí. Pero no se puede perder de vista que hay un tiempo para cada cosa, como dice el Eclesiastés. Y un lugar. Y el teatro de calle improvisado está ya muy visto.
Porque en este regreso al pasado, todavía se nos nota mucho la falta de ensayo. Al fin y al cabo, todo es teatro, puro teatro.