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Un mercadillo improvisado
Desde trajes de comunión a películas, música, libros y artesanía se puede encontrar a un módico precio en este bazar que se pone donde empieza la Alameda Cada vez son más los puestos que se colocan en la calle Real
SAN FERNANDO. Actualizado: GuardarLa crisis agudiza el ingenio. Una socorrida frase para estos tiempos que encuentra su sentido entre la Alameda y la Casa Lazaga. Allí se ha instaurado una especie de mercadillo improvisado que cada día oferta más puestos y por lo tanto mayor variedad de artículos que se pueden adquirir a un módico precio y por supuesto con el regateo como actividad principal.
Lo que empezó siendo dos o tres personas con unas mesas de playa con discos de música y libros, se está convirtiendo en una especie de bazar en el que se puede encontrar desde películas a artesanía e incluso trajes de comunión. Relojes, calzado, material deportivo, juegos infantiles, hasta consolas. Todo tiene cabida con un único objetivo, el de ganarse un par de euros para «tirar para delante». Una iniciativa que carece de permisos municipales, pero que por el momento no cuenta con problemas para realizar las ventas. Eso sí, el crecimiento que está teniendo, como consecuencia de las dificultades económica de las familias, preocupa. Por ello han surgido ya peticiones, como la que realizó el grupo municipal de Ciudadanos por San Fernando, para que se regule esta actividad, de modo que las personas que se ponen a vender no tengan tampoco ningún tipo de problema.
Su repercusión ha calado e incluso hay entidades privadas, como el Centro Comercial Plaza, que permite los domingos que se instalen en sus galerías puestos artesanales de forma gratuita, con el objetivo de ayudar a estas personas y también para dinamizar su espacio.
La ubicación de los puestos de la calle Real se debe a que es en ese lugar en el que se realizan la mayoría de iniciativas de este estilo. De esta forma, es allí, en la Alameda, donde se instalan los puestos de Navidad o donde se ponían y aún se ponen los domingos las mesas para la venta e intercambio de monedas. A partir de ahí comenzaron a ofertarse otro tipo de materiales y ahora ha derivado en un auténtico mercadillo.
El buen tiempo ayuda también a que sean más las personas que se animan a colocar sobre la mesa aquellos utensilios que considere que les puede aportar un par de euros. Hay quien los elabora y se considera artesano y los hay que lo único que buscan es algo de dinero para pasar el día. Incluso hay personas que donan aquello que ya no utilizan para que se ofrezca en este mercadillo y ayudar así a estos vendedores improvisados.